
Desde tiempos inmemoriales los grupos humanos se han ido vertebrando alrededor de los lugares donde había agua. Sin ir más lejos, mi pueblo nació al lado de una fuente que proporcionaba el agua suficiente para que pudieran beber sus primeros habitantes. Pero el pueblo fue creciendo y la sociedad avanzando, y se pasó de ir con el cántaro debajo del brazo a la fuente a por agua, a las canalizaciones y a tener agua en el interior de las viviendas. Este bienestar provocó una mayor necesidad de agua, ya no sólo para beber, sino para lavarse, y claro con un cántaro y una vez al mes ya no era suficiente para mantener una higiene personal adecuada, afortunadamente, y tampoco había bastante con lavar la ropa una vez a la semana; ahora hay que ducharse dos veces al día y lavar la ropa todos los días, no sea que nos llamen guarros, y es que la modernidad además de inducirnos cambios en el comportamiento, también nos ha provocado cambios fisiológicos, estimulándonos tanto la pituitaria, que aquello que no huela a Chanel nº 5 para arriba, se considera mal olor. Este cambio provocó una mayor demanda de agua que la fuente tradicional ya no podía ofrecer, por lo que se tuvo que ir a buscarla más lejos, hacer una perforación y canalizar el agua hasta el pueblo. Pero como el pueblo ha ido creciendo, se ha tenido que hacer otra perforación más lejos aún, y más profunda para traer más agua. Y dentro de unos años, si el pueblo continúa creciendo al mismo ritmo se tendrá que buscar más agua, etc., etc., etc.
Y es que el agua para las sociedades modernas es como la heroína en vena, cuánta más se usa, más se necesita. La población mundial aumenta de una forma desmesurada, lo que provoca una mayor demanda de agua para el consumo directo humano, una mayor necesidad de agua para la agricultura que abastezca de alimentos a esa creciente población y mayores recursos hídricos para la industria que inundará de objetos, la mayoría prescindibles, sobre todo a las sociedades ricas occidentales.
Y a esta creciente demanda de agua, se le une un “cambio climático” que según todos los indicios aumentará la temperatura media en todo el planeta, lo que conllevará desequilibrios medioambientales que provocarán escasez de lluvias en unas zonas, diluvios en otras, aumento del nivel del mar, etc., etc., etc.
¿Y aquí en España que es lo que hemos estado haciendo durante los últimos treinta años? Pues pasarnos por la entrepierna lo que era sabido desde toda la vida, aquello que nos enseñaban en la escuela del clima continental y del mediterráneo, de la España seca y de la España húmeda, de las cuencas fluviales, de los regadíos y de los secanos, de las estepas, de las zonas semidesérticas, de los humedales, de nuestra Geografía y de nuestra Historia en general. La democracia no sólo nos trajo cosas buenas, sino que también incrementó con unos cuantos kilos más la estupidez per cápita, sobre todo la de los políticos más progres, burros y cortos de entendederas que, con el único objetivo de procurarse una clientela de votantes fieles, cambió el mapa de la España de los últimos años pintando de verde donde antes había marrón, sin darse cuenta que con eso se conseguía pintar de marrón donde antes había verde y que ese verde que ellos habían pintado era con pintura tan mala que se desconchaba con el tiempo sacando el marrón que había debajo. Y aquellos polvos trajeron estos lodos, una geografía del agua descompensada que riega pedregales y desiertos y convertirá en estepas zonas tradicionales de regadío. ¡Pero coño, que España es un país tradicionalmente de secano! Y agua tenemos la que tenemos, y no hay más, al contrario cada vez hay menos. Y los imbéciles del PP dándonos la tabarra con los trasvases de los huevos para desequilibrar aún más los territorios.
Vamos a ver: el desierto del Sáhara hace unos 5.000 años era una sabana, con sus zonas más verdes, su vegetación típica, sus ríos, sus animales característicos, sus pueblos humanos… Pero un cambio climático lo convirtió en un desierto y sus habitantes tuvieron que emigrar para no morir de hambre y de sed; y los que se quedaron tuvieron que adaptarse a las nuevas condiciones de vida, ¿que sólo había comida y agua para diez en vez de para mil? pues se quedaron diez y emigraron novecientos noventa, y esos diez al menos pueden vivir, porque de haberse quedado los mil, hubieran perecido todos. Pero aquí no, aquí si hay mil, y sólo hay agua para quinientos, no pasa nada, les traemos agua a los mil, y además invitamos a otros mil a la fiesta del agua, que ya lloverá en invierno, pero ¿y si no?
Las sociedades deben tener claro cuáles son sus condiciones de habitabilidad y cuáles sus límites, de lo contrario estamos abocados a guerras por los recursos. Ahí tenemos a los israelitas por ejemplo, que provocaron una guerra para robar el agua a los sirios en los Altos del Golán para regar el desierto. Algo totalmente absurdo e inviable a la larga. Aquí, como somos más papistas que el papa, nos pelearemos entre nosotros.
Sé que lo voy a decir me va a granjear más de un reproche e incluso algún enemigo, pero es lo que pienso: quien no tenga agua que se joda.