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9/03/08

EN LA FERIA DEL LIBRO


Estos días se está celebrando en Valencia la XXXI edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Es el acontecimiento más esperado por mí de todo el año. Hay unas cuarenta casetas que ofrecen al público todo tipo de libros. Es increíble ver la cantidad de libros que se han escrito en esta vida y sobre la cantidad de temas tan variados que hay; existen libros sobre temas que jamás se me pasaría por la cabeza pensar que alguien lo haya tratado, cosas rarísimas y muy específicas, pero mira que a alguien, muy pocos supongo, le ha interesado hasta el punto de dedicar su tiempo, y su dinero, en escribir sobre ello. Seguramente esos libros permanecerán años y años en los mostradores de las casetas de libros de ocasión, después se harán libros viejos, e incluso antiguos, pasarán quizá de librería en librería, viajarán por muchas ciudades y, con mucha suerte, algún día, eso deseo, alguien se fijarán en ellos, los comprarán y los pondrán en la estantería de su casa, incluso con un mucho de buena suerte hasta los leerán. Y es que los libros son pacientes, soportan con estoicismo e incluso con agrado el manoseo en los anaqueles de las librerías; desean que se les abra y se les acaricien las páginas cuando alguien los coge para leer en su interior un párrafo o un pequeño diálogo para ofrecer una ligera idea al futuro comprador de qué trata el libro; incluso los hay que se estremecen cuando es una bella dama la que les hace cosquillas cuando con sus delicadas manos les roza el lomo. Y es que los libros son una parte de la vida del autor que pasan a formar parte de la vida del lector, por eso para mí, los libros son como unos seres vivos.
Pero como todo, los libros tienen un problema, ¡son carísimos! Por cualquier novelita de nada te piden 18 ó 20 euros, por eso yo aprovecho estas ferias para proveerme de lectura a precios más que razonables. Este año la media de dinero que me ha costado cada libro que he comprado me sale a 4.86 euros y tengo para leer casi todo el año, no está mal. Además este año ha venido acompañado con una sorpresa, estaba comprando dos libros en una caseta cuando a mi lado se ha puesto un amigo al que no veía desde hace 25 años ¡qué alegría nos llevamos los dos! Estuvimos hablando un rato delante de la caseta y el librero nos observaba y seguía con entusiasmo, cuando intercambiamos teléfonos y correos electrónicos íbamos a apuntarlos en un libro por falta de papel cuando el librero muy atento nos dijo que: por favor, nos dio unos marcapáginas para apuntar allí y que no rayáramos los libros, fue todo un detalle. Así es que este año la feria no ha podido ir mejor, he cargado de libros y he vuelto a ver a un amigo del que no sabía casi nada. No está mal.
Por si a alguien le interesa, la feria permanecerá abierta hasta el 23 de marzo. Así que con las fallas y la semana santa, hay más que motivos suficientes para este año venirse a Valencia. Están todos invitados.

20/12/07

DE VIAJES


Una de las cosas que más me hubiera gustado hacer en esta vida es viajar. Por desgracia lo he hecho muy poco y muy cerca; mi economía no me permite más. Por eso suplo esta carencia con la lectura de libros de viajes. En mi biblioteca tendré cerca de 80 ejemplares que cubren la totalidad del mundo, desde los polos hasta cualquier rincón del África Ecuatorial. Para seguir los viajes en los libros, me agencié un buen atlas que voy consultando al mismo tiempo que el protagonista del libro va viajando sobre las páginas de su libro. Además, cuando tenía ADSL, seguía el viaje con el Goglee Earth, cualquier medio es bueno para viajar en compañía del libro. Lo mismo hago cuando veo un documental o un reportaje de viajes en la televisión, enseguida echo mano del atlas. Y ahora me he hecho socio de la Sociedad Geográfica Española donde publican una revista de viajes que tengo la ilusión que sea de verdad muy interesante.
Los lugares del mundo que más me atraen son los grandes y vastos espacios naturales. Las amplias llanuras, las altas cordilleras montañosas y los calurosos desiertos. Nombres como Gilgit, Samarcanda, Aksu, Takla-makán, Oymiayon, en Ásia; Lalibela, el Tibesti, Tamanrasset, Al Kufrah, Kisangani, en África; en Suramérica Ushuaia, Puerto Natales, Atacama, Uyuni, Manaus, Iquitos, Caroní, Apure; Yukón, Dawson city, Chilkoot en la América de muy al norte. El resto del mundo y sobre todo Europa me interesan muy poco. Por todos estos lugares he viajado a lomos de camellos, a pie, en avioneta, en canoa o en un viejo coche, pero siempre emocionado esperando ver que aparecerá al doblar la próxima página. Hace poco se me presentó la oportunidad de hacer el gran viaje de mi vida: ni más ni menos que a la China; resulta que con la excusa de que el próximo eclipse total del año 2009 se podrá ver desde China, la agrupación astronómica de la cual soy socio está organizando un viaje y yo me había apuntado junto con mi hijo. Pero se trata de un viaje organizado, con excursiones preparadas de antemano, con hoteles si no de lujo, que están muy bien, etc. o sea, lo “normal”. Pero para mí eso no es lo normal, no concibo el viaje de esa manera, no sé si será por culpa de los libros, o porque soy así, o por las dos cosas, pero la verdad es que me he borrado. Paso de subirme en un autobús y que me lleven de aquí para allá como si fuera ganado; además cuanta menos gente mejor, desde luego la mejor manera de viajar es solo, porque sólo en ese caso la libertad de movimientos es total y absoluta. Yo quiero ir a donde me dé la gana o no ir porque sí. En este punto me gustaría reproducir un trozo de una entrevista que le hicieron a Ryszard Kapuscinski (premio Príncipe de Asturias 2003):
Le preguntan que existe otra categoría de viajeros: el turista.
A lo que responde: El viaje turístico devino un fenómeno de dimensiones colosales, inéditas en la historia y difícilmente imaginables. Únicamente el año pasado, por turismo, se movieron más de 800 millones de personas. El turista no viaja porque se sienta obligado a hacerlo, ni por razones profesionales. Lo hace buscando placer. Es todo un vuelco en la civilización.
Hablaba de la búsqueda del placer. ¿El placer de viajar?
No. El objetivo del turista, y estamos hablando del turista en África y en los países pobres del sur, es paradójico: evitar escrupulosamente conocer el país en el que transcurren sus vacaciones, su lengua y su gente en donde gastan su dinero. El turista evita los medios de transporte de los “indígenas” porque los considera sucios, lentos, inseguros. Además, el turista no quiere hacer contacto con la gente del lugar (si acaso con los necesarios empleados del hotel) porque tiene miedo de enfermedades, o que les pidan dinero. Un miedo que prevalece sobre cualquier curiosidad. Le interesa la comida, el vino, las comodidades, la terraza y la piscina, el sol. El turista es un hombre del norte que busca el sol.
Aunque es difícil establecer una línea que separe al turista del viajero, no es esto lo que yo busco, más bien todo lo contrario, por eso estoy preparando un viaje “todo lo contrario”. Ya veremos qué pasa.

21/09/07

LO QUE ME CONTÓ LA LIBRERA

Como contaba el otro día, fui a la librería para comprar un “diccionari de valencià”. Sobre la estantería había dos o tres ejemplares de diferentes editoriales; yo llevaba apuntadas en un papel una serie de palabras “raras” para ver si venían en algún diccionario porque buscaba uno que fuera muy bueno y no uno de esos básicos. El mejor de todos, o sea, el que contenía las definiciones de todas las palabras que busqué tenía la parte inferior de las hojas algo manchadas y medio apegadas, “joder, espero que tenga un ejemplar mejor” me dije. Cogí el diccionario y me fui al mostrador y le digo a Pepa, la librera, “mira Pepa, quería coger este diccionario, pero parece que se ha mojado por la parte de abajo”, ella lo coge, lo abre, lo mira y dice: “ya me lo han cambiado”, “no jodas” le digo, “mira, dice, si tú supieras, hay gente que viene a devolverme libros subrayados, sobre todo los que estudian oposiciones, ahora por sistema no cojo nunca un libro de oposiciones, esos aquí ya no se pueden devolver; una vez un tío en verano vino a devolverme un libro que le habían regalado en Navidad, hombre cinco o seis días para devolver un libro está bien, pero más de medio año…; y el otro día entra un chico cantando y haciendo monerías, bueno, yo de vez en cuando iba echándole miraditas porque había algo en él que no me cuadraba, cuando me descuido lo veo ya fuera de la librería por la ventana del escaparate cargado de libros, ¡María que nos roban! le grito a la chica que corra detrás de él porque yo no puedo, menos mal que lo pudo coger, claro llevaba siete u ocho libros y no podía correr el jodío, pues ni más ni menos que valían más de 100 €, y el tío lo tenía todo bien estudiado porque los libros estaban en diferentes mesas, poco a poco los fue cogiendo y cuando me descuidé se largó, y aún hubo un hombre que me dijo, vaya es una alegría que todavía se roben libros, y yo le contesté, no si me los roban a mí. Así es que fíjate como está el panorama.”
Ver para creer. Lo que yo no le dije es que cuando veo un libro que me interesa mucho, por regla general libros de poca demanda de los que sólo llegan un ejemplar o dos a la librería, si en esos momentos no los puedo comprar, los escondo en las estanterías hasta que pueda pasar a por ellos otro día. Menos mal que sí tenía un ejemplar nuevo del “diccionari de valencià” para mí.

13/09/07

EN LA LIBRERIA


El otro día fui a mi librería habitual con el motivo de comprar un “diccionari de valencià”, pero claro, ese era sólo el motivo oficial, “suboficialmente” no iba a irme de allí sin siquiera dar un repaso a todas las estanterías que habitualmente contienen los libros que suelo comprar.
Me gusta explayarme tranquilamente en las librerías, siempre procuro acudir con mucho tiempo por delante, sin prisas ni agobios (una vez cerraron la librería y yo me quedé dentro, sólo cuando oyeron un ruido en un rincón de la librería se dieron cuenta de mi existencia y amablemente me invitaron a salir a la calle con un “feliz navidad”, era Noche Buena). Nada más entrar apago el móvil, no sea que alguien, fuera quien fuera sería tachado automáticamente de indeseable, viniera a perturbar mi singular éxtasis. Tras cruzar el umbral comienzo el recorrido por la derecha: primero las novedades en valenciano y catalán, sigo con las de castellano, libros de bolsillo, para luego pasar a las secciones de libros especializados, y termino la travesía en la sección de libros de viajes.
Durante el camino tengo el oído desplegado como un radar y procuro enterarme de todo lo que se habla de libros dentro del templo, sobre todo lo que dice Pepa, la dueña de la librería, que con su simpatía y su sapiencia orienta lo mejor que sabe a todo aquél que le pide consejo sobre tal o cual tema o sobre algún escritor (el otro día le hablaba muy muy bien a una mujer sobre Vila Matas, habrá que probarlo), y si algún libro no lo tiene, lo buscará hasta el último lugar donde pueda encontrarse. También me gusta mucho observar a la gente que entra en la librería: los hay que van directamente al mostrador, sacan un papelito y le piden a la librera si tiene el libro cuyo título llevan apuntado, y una vez adquirido el libro o hecha la consulta sin éxito, salen escopetados como alma que lleva el diablo sin mirar a derecha e izquierda, no sea que se caiga algún libro de alguna estantería o salte directamente de la mesa y lo coja del cuello y le diga “¡léeme!”; también están los que entran y van directamente a las mesas expositoras donde se encuentran los best-sellers y libros más vendidos, y como si allí comenzara y terminara la librería, no dan un paso de más y salen a la calle; hay gente que no toca un libro, como si mordieran; otros en cambio se sientan en cualquier esquinita o se apoyan en un pilar y se leen medio libro, a veces pienso que en dos o tres sesiones más como esa, se lo leen todo; también está el lector empedernido al que ves con un brillo especial en los ojos y con la saliva goteándole por el canino superior llevando libros sin parar al mostrador donde, en su rinconcito particular, poco a poco va levantando su torreón de felicidad, y que tras hacer un desembolso considerable, sale ya con un libro abierto en una mano, mientras con la otra sujeta fuertemente la bolsa llena de libros; a veces se ven grupos de adolescentes que pululan entre las estanterías con conocimiento de causa, ¿pero no dicen que no tienen ni puta idea y que no leen?, afortunadamente no son todos y es un gran placer oírlos hablar de tal o cual libro, o de tal o cual autor; los que no tienen desperdicio son la gente mayor, y mucho mejor si necesitan gafas para leer, es toda una experiencia verlos coger un libro, con suavidad, casi con mimo, a continuación le pasan una mano sobre la cubierta, pero no es para quitarle el polvo, porque saben que el libro está limpio, sino para acariciarlo, para comprobar si, tan sólo con tenerlo en las manos, les transmite alguna vibración positiva, enseguida viene el baile de las gafas, primero búsqueda en el bolsillo interno de la chaqueta o en el bolso, se las saca de la funda y se las eleva por encima de la cabeza en dirección a alguna luz para comprobar que estén limpias, y entonces, con suavidad, se las colocan sobre la nariz y con suma delicadeza abren el libro y leen algún párrafo o la contraportada, en ese momento pienso en la cantidad de libros que habrán leído en toda su vida y me entra una envidia sana, lo que daría en esos momentos por que me invitaran a visitar sus bibliotecas; a veces, gratamente, ves a gente que conoces y que desconocías su afición por los libros, también notas en ellos cuando te saludan su alegría de verte en un lugar tan inhóspito para la mayoría del rebaño… En fin, es muy variado el tipo de personas que esporádica o habitualmente se dejan caer por una librería.
Pero no es todo esto lo que yo quería contarles, porque yo quería contarles lo que pasó cuando fui a comprar el “diccionari”, pero como me he extendido demasiado, lo guardo para otro día. Casi mejor, porque así tengo para otra entrada, pues al fin y al cabo, hablar de libros es lo que más me gusta.

25/05/07

¿Y TÚ QUÉ LEES?

Hace ya algún tiempo, navegando por internet encontré una página muy interesante sobre libros: Anika entre libros. En esta página la gente que quiere colaborar, cuando lee un libro hace una ficha y Anika se la publica en su magnífica página. A mí me gustó la idea y a partir de entonces empecé a hacer fichas de los libros que leía (tampoco las hago de todos, depende de las ganas que tenga cuando termino el libro). El día que decidí hacer el blog pensé en colgar las fichas por si a alguien le interesaba, y la verdad es que me sorprende gratamente que la gente lea las fichas y las comente; y eso que dicen que en España no se lee. Pues yo creo que sí que se lee, y aquí tenemos una prueba más.
Dicho esto, me gustaría que vosotros que os pasáis de vez en cuando por aquí y tenéis la amabilidad de comentar las fichas de mis libros, incluso hay quien se lo apunta para comprarlo un día y leerlo, me gustaría que me dejarais un par de títulos con el autor y la editorial de lo mejor que habéis leído para así apuntármelos yo también, y poco a poco leer aquello que un día os gustó tanto leer a vosotros. Empezaré yo dejándoos dos joyitas de lo mejor que he leído:
- Ébano, de Ryszard Kapúscinski en la editorial Anagrama.
- Historia de un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda en Tusquets Editores (si habéis visto la película entonces recomiendo Nombre de Torero del mismo autor y editorial).

19/05/07

LIBROS MALDITOS


El otro día estaba aburrido por casa y se me ocurrió ordenar la biblioteca, porque la tenía hecha un caos. Según iba comprando libros los iba dejando por ahí, por donde hubiera un hueco, y al final buscaba algo y me recorría toda la casa dando tumbos.
Introduje un buen CD de música en la cadena, me destapé una cerveza y me puse a la tarea; saqué todos los libros de sus estanterías y los coloqué en montones y a partir de aquí empecé a ordenarlos por autores y temáticas.
Mientras los estaba ordenando y teniendo entre mis manos “Archipiélago Gulag” de Alexandr Solzhenitsyn me vino a la cabeza lo siguiente: Si yo hubiera vivido en la URSS hace treinta años y alguien de la KGB (pongamos Vladimir Putin por ejemplo) hubiera entrado en mi casa y visto este libro, me hubiera detenido por el simple hecho de tenerlo en mi biblioteca. Y entonces comencé a buscar libros que, por el mero hecho de tenerlos en algún momento determinado de la historia y en algún lugar concreto del mundo, me hubiera costado una multa, la cárcel o incluso una condena a muerte.
Aquí pongo una pequeña lista de libros “prohibidos y malditos” que guardo en mi casa:
-Archipiélago Gulag de Alexandr Solzhenitsyn.
-7000 días en Siberia de Karlo Stajner.
-Dictamen sobre Dios de José Antonio Marina.
-El código Davinci de Dan Brown.
-El Emperador de Ryszard Kapuscinski.
-El fraude de la Sábana Santa de Juan Eslava Galán.
-El Imperio de Ryszard Kapuscinski.
-Esclavos por la patria de Isaías Lafuente.
-Gulag de Anne Aplebaum.
-Hot line de Luís Sepúlveda.
-La forja de un rebelde de Arturo Barea.
-Los diez mandamientos en el siglo XXI de Fernando Savater.
-Stalin y los verdugos de Donald Rayfield.
-Nombre de Torero de Luís Sepúlveda.
-El Evangelio según Jesucristo de José Saramago.
-En el nombre de Franco, del Hijo y del Espíritu Santo de Luis Otero.
-El teatro de los lirios de Lulu Wang.
-El peregrino de Jesús Torbado.
-El lavado de cerebro de Francisco Franco de Herbert S. Southworth.
-Los campos de la muerte de Joël y P. Rigoulot.
-Los talibán de Ahmed Rashid.
-¡Milagro, milagro! de Jesús Torbado.
-Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios de Sebastián Faure.

-Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie de Juan Eslava Galán.

¿Cuántas personas en este jodido mundo habrán sufrido la cárcel o la muerte por el mero hecho de escribir o leer libros que a alguien por sus intereses o porque se le ha pasado por los cojones así lo ha decidido?

15/04/07

UNA TARDE COMPRANDO LIBROS

El sábado por la tarde estuve visitando la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Valencia (FLAOV). Es un acontecimiento que llevo esperando todo el año como al agua de mayo. Y es que los libros son mi pasión. Los compro de forma compulsiva, si fuese muy rico me gastaría mucho dinero en libros, no hay nada que me guste más.
La FLAOV es un lugar fantástico para los amantes de los libros. Hay un montón de librerías de toda España que tienen allí su caseta. Libros los hay de todas clases y temas, de lo que quieras; te vuelves loco rebuscando entre los montones de libros que hay. Es una auténtica gozada pasarse la tarde allí. Acudo puntualmente cada año desde hace diez años. Al principio sólo iba un día, pero como es tan grande (hay unas 40 casetas) y quería verlas todas, iba muy aprisa y no disfrutaba lo que quería. Ahora voy dos días y así me lo tomo con más calma y puedo mirarlo todo sin prisas ni agobios. Eso quiere decir que aún me queda otro día, ja ja. De momento he comprado 17 libros que me han costado unos 100 €. De media salen a 6 € cada uno, y es que aprovecho esta feria por eso, porque los libros en las librerías son carísimos. De cualquier novelita te piden 18 o 20 €. Pero qué se han creído, que el dinero cae del cielo. Cuando voy a las librerías sólo compro los libros que me gustan y que estoy seguro que no saldrán en bolsillo. Si considero que el que quiero comprar saldrá más adelante en bolsillo me espero y luego lo compro más barato. Y en la feria aprovecho para comprar libros para todo el año a un precio muy inferior al que tenían en la librería. Vale que algunos libros son de segunda mano, pero siempre compro aquellos que están bien conservados, y también los hay que han sobrado en las editoriales por devoluciones de las librerías y que los puedes comprar por la cuarta parte de su precio inicial. Tengo un libro que compré el año pasado en perfecto estado por 6 € y todavía hace poco lo vi en una librería a 19 €.
De vez en cuando también compro libros viejos. Tengo alguno del siglo XIX, evidentemente estos libros que puedo permitirme comprar están un poco deteriorados, lo que hace que su precio sea bastante bajo. También compro a veces libros de texto antiguos, tengo algunos de antes de la guerra civil; hay que ver cómo ha cambiado este tipo de libros, los de antes los hacían como si los niños estuvieran medio tontos. El mejor libro que he comprado este año ha sido LA CONQUISTA DE LA TIERRA (un libro sobre conquistadores) de la editorial Labor que tendrá unos 40 años. Los libros de esta editorial son unos de los que más me gustan. Éste me costó 15 €, pero junto a él había otros que eran magníficos también, pero o bien es que estaban mejor conservados, o bien que eran más raros la cuestión es que valían demasiado dinero, posiblemente en otra ocasión.
Sólo me queda esperar unos cuantos días más para visitar de nuevo la feria y pasar una de las mejores tardes del año haciendo lo que más me gusta. ¿Qué más se puede pedir?

¡HUUUMMMMM, LIBROS!

Tengo la casa llena de libros, no es que tenga muchos, pero como las estanterías son pequeñas, los tengo repartidos por toda la casa: en la cocina, en los pasillos, en la escalera, en las habitaciones y hasta en el baño. Me gusta de vez en cuando abrir un libro al azar y leer un párrafo o un diálogo que ya he leído para volver a recordar momentos pasados, porque con los libros me pasa igual que con los olores, de la misma manera que al cabo de mucho tiempo hueles algo que te retrotrae a algún momento determinado de tu vida, al releer un libro me recuerda qué pasaba en aquel momento que lo leí por primera vez.
Soy un lector tardío. Aunque leía algún libro de vez en cuando en la adolescencia, mis amigos no leían ni uno, no fue hasta cumplidos los veinte años cuando empecé de verdad a leer libros. Tengo que darle las gracias a mi amigo Don Fernando y también a El Maestro, pues ellos fueron los que hicieron crecer en mí el gusano de la lectura. Todo empezó una tarde de verano en la que llegué al bar y sólo estaban ellos dos tomándose una cerveza y hablando. Como no había nadie más me senté con ellos y me quedé alucinado de ver la pasión con la que hablaban de los libros que acababan de leer. Tomé nota mental de los títulos y fui y me los compré (recuerdo que uno era “La hoguera de las vanidades” de Tom Wolf). Los devoré, y enseguida busqué a Don Fernando y se lo comenté. Desde aquel día se convirtió en mi “asesor literario”. Empezó a dejarme libros y a recomendarme otros. Yo los leía todos con avidez, pero claro, si uno de los que me dejaba me gustaba mucho, me costaba devolvérselo porque estaba seguro que un día u otro lo releería, entonces decidí comprar siempre los libros y de paso hacerme una biblioteca. Por eso ahora cuando alguien me habla bien de un libro y me lo quiere prestar, le digo que no, que muchas gracias, pero ya me compraré yo el libro. Y todos esos libros que me dejó Don Fernando y que leí con tanta pasión me los he ido comprando poco a poco. Todos menos uno: “Los tambores de la lluvia” de Ismail Kadaré. Lo he buscado por tierra, mar y aire y no ha habido manera de encontrarlo, pero lo peor no es eso, lo peor es que el cabrón de Don Fernando tiene dos ejemplares y no me quiere vender uno, “ni por todo el oro del mundo” porque dice que se le puede estropear uno y así tiene el otro de reserva. La madre que lo parió. Pero lo tengo pensado, un día iré a su casa y se lo robaré, aunque me condene al infierno.