Ya hace bastante tiempo que voy rumiando la posibilidad de hacer un blog en valenciano. Ésta es mi lengua vernácula. En valenciano hablo todos los días, en casa, en el trabajo, en la calle, con los amigos, prácticamente siempre. Es más, yo no sé hablar en castellano, y eso que he estudiado toda la vida en esa lengua. Sólo en séptimo de E.G.B. empecé a estudiar el valenciano como una asignatura, hasta tercero de B.U.P. Todo el resto del tiempo los estudios han sido en castellano. Y los libros que leo, más del 80% son en castellano, pero a la hora de hablar, ah amigo, me lío, me trabo, me quedo en blanco continuamente, y es que el problema que tengo es que traduzco; cuando hablo en castellano voy traduciendo mentalmente del valenciano y esto provoca que diga verdaderas barbaridades; fijaos en cómo escribo. Mi mujer cuando vamos por ahí y alguien nos pregunta en castellano se calla para que sea yo quien conteste, y mientras lo hago la veo de reojo descojonándose por las barbaridades que digo, la muy zorra.
Además, en valenciano me apetece escribir sobre otras cosas que no sé muy bien si la gente que no es de por aquí, sobre todo si es de las grandes ciudades, lo entenderían. Me gustaría tratar aspectos más locales y personales. Supongo que también muchas entradas de aquí las pasaré allí y de allí aquí. De todas formas voy a poner un traductor de valenciano al castellano en mi nuevo blog por si alguien tiene interés en saber qué nuevas barbaridades digo allí, lo que no tengo ni puta idea es de la fiabilidad de este traductor, pues aún no lo he probado.
Quiero invitar personalmente a Nür, la única valenciana que tengo enlazada y con la cual mantengo la relación bloguera en valenciano.
Ah, por cierto, el blog se llama: A fer la mà, que significa más o menos, entre otras cosas, a tomar por culo.
P.D. Acabo de probar el traductor y es para mear y no echar gota. Si alguien tiene cusiosidad que lo pruebe. Con un poco de intención se llega a entender algo. En fin, cosas de la tecnología.
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8/06/08
1/03/08
PREPARANDO EL DEBATE

Me van a permitir un inciso en el rollo de historia que les vengo contando últimamente, y es que me he quedado trabado en el final, y mientras me desatasco un poco les cuento otra cosita.
Ya se acerca el definitivo debate electoral entre Zapatero y Rajoy. En el pasado me aburrí bastante y apagué la tele a la media hora harto de oír las mismas gilipolleces de siempre. Y todo es porque al final no me hicieron caso y se fueron a un lugar inapropiado para hacer el debate y encima con un moderador que no supo estar a la altura; si me hubieran atendido a mí, todo hubiera ido mucho mejor para los dos, y eso que los dos ganaron, claro, faltaba más.
Soy de esos que llaman indecisos, o mejor dicho medio indeciso. Yo, más que votar a favor de alguien, voto en contra de alguien, porque no me gusta nadie si he de decir la verdad. Normalmente decido el voto en la misma cabina donde se encuentran los votos, pero este año va a ser distinto. El próximo lunes, en el mismo salón donde tenía previsto celebraran el debate los dos principales candidatos voy, o mejor, vamos a decidir nuestro voto mi mujer y yo; y de paso comprobar si la estadística que se expone en el diario público es cierta.
Lo tenemos todo preparado: encenderemos la chimenea, comeremos una cena ligera, después, acostaremos a los niños y nos tomaremos un gin-tónic de Bombay con mucho limón; nos limpiaremos bien los bajos y nos sentaremos a ver el debate. Al igual que en el debate, también lo tenemos todo calculado y previsto: a la media hora de debate empezaremos con los preliminares que tenemos calculados duren quince minutos para cada uno a razón de cinco minutos alternos, es decir, cinco minutos yo (por sorteo me ha correspondido empezar a mí) y después cinco minutos ella para, transcurridos los mismos, replicar yo para contrarreplicar ella así hasta media hora; empezaremos por arriba para terminar por abajo, también por delante y por detrás. Finalizados los preliminares empezaremos con la faena propiamente dicha, como mínimo debe durar veinte minutos (está bien ¿no?) y el acuerdo es que votaremos a aquél que esté hablando en el momento en que alcancemos el clímax. Así es que esperamos que sea un debate bien caliente.
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2/01/08
AÑOS

Se ha acabado un año y menos de una milésima de segundo después ha empezado otro. Hay mucha gente que hace balance del año que acaba de terminar y se hace una lista de proyectos para realizar en el nuevo año, pero que la mayoría no llegarán al treinta de enero. Yo también he hecho alguna vez propósitos de estos, por aquello de año nuevo, vida nueva, pero con el paso del tiempo se quedaron sólo en eso, en propósitos, menos uno: el uno de enero del año dos mil dejé de fumar y aquí estoy, ocho años sin pegar una calada, con dos cojones.
Pero la medida del tiempo, al menos para mí es muy relativa. De acuerdo que un año tiene 365 días y cuarto, pero sólo es el tiempo que va del uno de enero al treinta y uno de diciembre, y si algo nos recuerda esto, son las doce campanadas acompañadas de doce uvas, una buena comilona y un pedete lúcido. Porque un año también empieza el veintiuno de marzo, cuando empieza la primavera; o también empieza el día de nuestro cumpleaños; y otro año también empieza el día siguiente de finalizar las vacaciones; o si se es estudiante, el día que empieza el curso; para los políticos también empieza un año el día que comienza la legislatura, etc.
Ni siquiera el siglo XX empezó el uno de enero de 1901, yo creo que empezó en 1914 con la Primer Guerra Mundial y terminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín. Que yo en este momento tenga cuarenta años, muy cerca de los cuarenta y uno, no indica nada en absoluto, sólo podrá tener efectos a la hora de saber la dosis que debo tomar de cierto medicamento, o si ya puedo votar, o cuál puede ser mi responsabilidad penal; porque mental o incluso físicamente puedo estar mejor que una persona de veinte añitos, o peor que una de cincuenta, de hecho, seguro que estoy mejor que unos y peor que otros.
Pero que el tiempo pasa y no vuelve y que además se acaba, es una amarga realidad que obliga a aprovecharlo al máximo y aún así es insuficiente. Ha acabado un año natural y empieza otro, que ustedes lo aprovechen, naturalmente.
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23/10/07
MI LENTA CONEXIÓN
Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de publicar esta entrada y hoy por fin me he decidido, sólo espero que nadie se pueda sentir ofendido, porque nada hay más lejos de mis intenciones.
Vaya por delante que todos los blogs que tengo enlazados en la columna de la derecha están ahí porque me gustan, unos por unas razones y otros por otras, pero todos me gustan y los visito con toda la frecuencia que mi tiempo libre me permite. Pero por desgracia no a todos los puedo disfrutar como a mí me gustaría, como a mí me gusta que la gente que pasa por aquí disfrute el mío. Y cómo se disfruta un blog, pues leyéndolo y comentando aquello que has leído, pero por desgracia eso no siempre es posible y me explico: seguramente algunos de vosotros hace algún tiempo habréis notado que no me paso por vuestros blogs porque no habréis leído ningún comentario mío, en cambio sí que pasáis por aquí y comentáis qué os parece lo que yo he escrito, pudiendo llegar a pensar que soy un desconsiderado; nada más lejos de la realidad, por supuesto que paso por vuestros blogs y os leo, pero me es imposible comentar por lo siguiente: mi conexión a internet no es ADSL, o sea que la velocidad de descarga es tan sólo de, en los momentos más veloces, 4 Kb/seg., os podéis imaginar lo que tardo para descargar una fotografía pongamos de 40 Kb, 10 segundos, toda una eternidad, y aquí está el quid de la cuestión, hay blogs que tienen muchas fotografías con un peso considerable que tardo muchísimo en descargar, y para postre están ahora de moda los vídeos de Youtube, verdadero quebradero de cabeza para mi lento módem. Hasta hace un par de semanas aún se descargaba el “plug-in”, creo que se llama, para ver los vídeos, con lentitud pero se descargaban, pero es que ahora no sé qué cojones pasa que se me queda colgado el navegador y no hay manera de poder abrir con totalidad la página y tengo que cerrar el navegador y volverlo a abrir para ir a otro sitio.
A mí todos los blogs me gustan, y cada uno hace en su sitio lo que le da la gana y lo adorna como quiere, como yo hago con el mío, faltaba más, pero pasa que a mí personalmente eso me fastidia mucho la descarga, hay páginas que a los cinco minutos la tengo que abandonar porque todavía no se ha descargado del todo; os podéis imaginar cinco minutos esperando son desesperantes. Afortunadamente lo primero que se descarga es el texto, que es lo que realmente me importa y mientras se descargan las fotos y vídeos puedo leeros, pero por desgracia los comentarios no se abren hasta que no se descarga toda la página, y unas porque se cuelgan y otras porque tardan una eternidad en descargarse, pues me es imposible dejar constancia de mi visita.
Así que pido perdón a todos aquellos que hayáis notado mi ausencia, pero sabed que esta es sólo aparente, porque regularmente os visito y os leo, lo que pasa es que no puedo comentar.
Vaya por delante que todos los blogs que tengo enlazados en la columna de la derecha están ahí porque me gustan, unos por unas razones y otros por otras, pero todos me gustan y los visito con toda la frecuencia que mi tiempo libre me permite. Pero por desgracia no a todos los puedo disfrutar como a mí me gustaría, como a mí me gusta que la gente que pasa por aquí disfrute el mío. Y cómo se disfruta un blog, pues leyéndolo y comentando aquello que has leído, pero por desgracia eso no siempre es posible y me explico: seguramente algunos de vosotros hace algún tiempo habréis notado que no me paso por vuestros blogs porque no habréis leído ningún comentario mío, en cambio sí que pasáis por aquí y comentáis qué os parece lo que yo he escrito, pudiendo llegar a pensar que soy un desconsiderado; nada más lejos de la realidad, por supuesto que paso por vuestros blogs y os leo, pero me es imposible comentar por lo siguiente: mi conexión a internet no es ADSL, o sea que la velocidad de descarga es tan sólo de, en los momentos más veloces, 4 Kb/seg., os podéis imaginar lo que tardo para descargar una fotografía pongamos de 40 Kb, 10 segundos, toda una eternidad, y aquí está el quid de la cuestión, hay blogs que tienen muchas fotografías con un peso considerable que tardo muchísimo en descargar, y para postre están ahora de moda los vídeos de Youtube, verdadero quebradero de cabeza para mi lento módem. Hasta hace un par de semanas aún se descargaba el “plug-in”, creo que se llama, para ver los vídeos, con lentitud pero se descargaban, pero es que ahora no sé qué cojones pasa que se me queda colgado el navegador y no hay manera de poder abrir con totalidad la página y tengo que cerrar el navegador y volverlo a abrir para ir a otro sitio.
A mí todos los blogs me gustan, y cada uno hace en su sitio lo que le da la gana y lo adorna como quiere, como yo hago con el mío, faltaba más, pero pasa que a mí personalmente eso me fastidia mucho la descarga, hay páginas que a los cinco minutos la tengo que abandonar porque todavía no se ha descargado del todo; os podéis imaginar cinco minutos esperando son desesperantes. Afortunadamente lo primero que se descarga es el texto, que es lo que realmente me importa y mientras se descargan las fotos y vídeos puedo leeros, pero por desgracia los comentarios no se abren hasta que no se descarga toda la página, y unas porque se cuelgan y otras porque tardan una eternidad en descargarse, pues me es imposible dejar constancia de mi visita.
Así que pido perdón a todos aquellos que hayáis notado mi ausencia, pero sabed que esta es sólo aparente, porque regularmente os visito y os leo, lo que pasa es que no puedo comentar.
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COSAS MIAS
1/08/07
UNA DE MIERDA (CON PERDÓN)
Ya hace muchos días que no escribo nada, y no es porque no tenga ganas de escribir, sino porque no se me ocurre nada. Supongo que será por la calor que me seca las ideas o yo que sé. La verdad es que incluso se me había pasado por la seca cabeza la idea de mandarlo todo a tomar por saco porque muchas de las cosas que estoy publicando estos días las tengo escritas desde hace un tiempo, cuando me funcionaba mejor el cerebelo. Pero mira tú por dónde, esta mañana se me han ocurrido dos entraditas que podrían tener el mismo título y sin embargo no tienen nada que ver: una se me ha ocurrido al escuchar la COPE (y que Rafa Almazán me perdone), menudo locutor el que sustituye a Fedeguico, este casi es peor; y la otra, de la que voy a hablar aquí, me ha llegado un poco más tarde a la cabeza. En este punto tengo que advertir que la cosa va de guarrerías, así es que si usted, querido lector es un poco aprensivo o asquerosillo, mejor vuelva en otra ocasión.
Pues bien, la inspiración (literalmente) me ha venido cuando el tío Pepe “Cuquello” estaba removiendo un poco de tierra para enterrar una manguera para regar el jardín. Entonces mientras hacía el acto de inspirar aire han llegado a mi pituitaria una serie de partículas que le eran familiares a mi cerebro pero que no acababa de identificar. Y es que como es sabido, los olores son los primeros evocadores de situaciones pasadas a las que asociamos con ese olor. Identificar el olor y la niñez, claro, ha sido todo uno. Y cuál era el olor. Bueno pues no era ni más ni menos que, cómo diría yo, obra de cuerpo antigua o, mierda seca, vamos. Por lo visto, alguien quiso hacerle un regalito al algarrobo y le dejó algo que a él le sobraba y que al árbol le vendría muy bien para su desarrollo. Y lo que pasa en estos casos, que la naturaleza tiene su lógica, y aquel paquete formado por un 80% de agua y con los calores del verano, pronto se quedó reducido a un simple terrón de tierra negra, pero que guarda un arma secreta, su penetrante olor, que permanece agazapado como la perdiz, pero que si se la toca, ¡ah amigo! Y eso es lo que hoy a ocurrido, que se le ha molestado en su letargo desintegrador y ha provocado que me levantara, aspirara profundamente, cerrara los ojos y me fuese directamente unos casi treinta años atrás, justamente al lado de la portería sur del campo de fútbol de mi pueblo:
Éramos cinco o seis recostados en la pared de la caseta medio derruida de lo que pretendió ser unos vestuarios para los que jugaban al fútbol, mirando como en la otra portería había otros niños jugando a la pelota y pasándoselo bien mientras nosotros nos aburríamos como ostras, pensando qué podríamos hacer que no fuera jugar al fútbol, que hace calor y cansa mucho, cuando me vino a la pituitaria el mismo olor que hoy:
-Joder, vaya olor a mierda que hace –dije.
-Sí, ahí dentro hay una mierda de caballo –contesta uno.
Me levanto y veo una obra de cuerpo impresionante, ¿era posible que un niño hiciera aquello?, porque por allí sólo íbamos niños, eso sólo se podía haber hecho después de pasarse cuatro o cinco días sin haber soltado ni una burbuja de aire, nada, todo guardadito para sacarlo de una sola vez. Y allí la teníamos, como un presente que alguien generoso había depositado para sacarnos de nuestro estado de abatimiento.
-Eh, mirad qué maravilla.
Entraron todos.
-Joder, pesará un kilo.
-Esa es de ayer, ya está seca por encima.
-No, tendrá dos días.
-No, es de ayer, ahora verás como la capa de encima es pequeña –coge un palo y se lo inca levándolo a los ojos de los demás –ves que tierna está por dentro.
-Es verdad –asentimos.
-¿Queréis que la plastifiquemos? –digo.
-¿…?
- Sí hombre, prendemos un saco de plástico y le echamos las gotas que se producen cuando se derrite sobre la mierda y cuando se enfríe se queda plastificada y la podemos guardar mucho tiempo.
-Bien, pero será mejor sacarla fuera antes.
Dicho y hecho, mientras unos buscan unos sacos de plástico los otros le metemos con cuidado una maderita por debajo y la sacamos entera al campo de fútbol, al lado de la portería sur. Cuando llegan los de los sacos, nos repartimos uno cada uno y les prendemos fuego; entonces nos ponemos todos alrededor del trofeo y empezamos a dejarle caer encima las gotas ardientes de plástico derretido. Entre que la habíamos removido un poco y el calor de las gotas de plástico que la estaban asando, se elevaba un olor, como diría yo, NAUSEABUNDO, pero nada, allí estábamos aguantando hasta que se consumieron los plásticos. La verdad es que quedó muy bonita, estoy seguro que si eso lo hace una artista de renombre, le pagan una pasta y lo consideran una obra de arte: “Mierda de Tal plastificada a los cuatro puntos cardinales”, no te jode.
-Y ahora qué.
Bueno, por esta zona, yo no sé por qué, siempre hay quien lleva un petardo en el bolsillo.
-Y si…
-Pues claro, ya tardas.
El tío le clava el petardo y le prende fuego. Pero los niños son así, sino, no serían niños. ¿Y qué hacen los niños? Pues comprobar que todo sale bien. Lo normal en adultos hubiese sido que, uno, el más atrevido, o el más rápido le hubiese prendido fuego al petardo, mientras los otros a una distancia prudencial hubieran estado atentos a las operaciones del valiente pirotécnico para terminar en una risa y aplauso general. Pero la lógica de los niños es distinta, el niño actúa como el buen reportero, tiene que estar allí dónde se produce la noticia, no vale que te la cuenten; o sea, que si uno se agacha a prender fuego a la mecha del petardo, los demás se agachan a su alrededor para comprobar que efectivamente lo está haciendo bien, porque puede pasar que no lo haga bien, y siempre hay uno que tiene que decir que levante la mecha, otro que la sujete con el dedo, otro que clave un poco más el cohete, otro comprobar que huele bien… Pero eso no es todo, porque una vez ha prendido la mecha, hay que comprobar que no se va a apagar, y entonces, como una corriente telepática, les llega la orden a todos los pequeños cerebros que el proceso de ignición está iniciado correctamente y que la cuenta atrás está a punto de concluir, lo que significa que el momento de la detonación está muy cerca. Entonces las piernas de todos se disparan como unos muelles hacia arriba para salir como alma que lleva el diabooooooommmmmmm.
…
Demasiado tarde, o demasiado pronto. Demasiado tarde hemos salido de allí y demasiado pronto ha explotado el petardo. Afortunadamente, como éramos muchos, salimos a menos cada uno. El que más suerte tuvo fue el que se levantó primero, el traidor, y le llegó todo por la espalda, pero a los demás, desde la cara hasta los pies, ¡llenos de mierda recalentada! Primera reacción: intentar quitárnosla de encima; craso error, porque lo único que conseguíamos era extenderla más por la cara, los brazos, las piernas, la ropa… Del otro lado del campo de fútbol oímos a los otros niños quejarse del olor a mierda que hacía. El olor llegó incluso al pueblo que se encuentra a unos doscientos metros. Pero allí llegó poco. Poco porque el mucho lo teníamos nosotros encima. Qué remedio, nos fuimos corriendo y maldiciendo a un pequeño arroyo que pasa cerca y nos limpiamos como pudimos. No recuero qué me diría mi madre cuando llegué a casa, tampoco importa. Lo que sí que me gustaría saber es quien fue el valiente que hizo aquella Obra Monumental, me hubiese gustado darle la enhorabuena.
Pues bien, la inspiración (literalmente) me ha venido cuando el tío Pepe “Cuquello” estaba removiendo un poco de tierra para enterrar una manguera para regar el jardín. Entonces mientras hacía el acto de inspirar aire han llegado a mi pituitaria una serie de partículas que le eran familiares a mi cerebro pero que no acababa de identificar. Y es que como es sabido, los olores son los primeros evocadores de situaciones pasadas a las que asociamos con ese olor. Identificar el olor y la niñez, claro, ha sido todo uno. Y cuál era el olor. Bueno pues no era ni más ni menos que, cómo diría yo, obra de cuerpo antigua o, mierda seca, vamos. Por lo visto, alguien quiso hacerle un regalito al algarrobo y le dejó algo que a él le sobraba y que al árbol le vendría muy bien para su desarrollo. Y lo que pasa en estos casos, que la naturaleza tiene su lógica, y aquel paquete formado por un 80% de agua y con los calores del verano, pronto se quedó reducido a un simple terrón de tierra negra, pero que guarda un arma secreta, su penetrante olor, que permanece agazapado como la perdiz, pero que si se la toca, ¡ah amigo! Y eso es lo que hoy a ocurrido, que se le ha molestado en su letargo desintegrador y ha provocado que me levantara, aspirara profundamente, cerrara los ojos y me fuese directamente unos casi treinta años atrás, justamente al lado de la portería sur del campo de fútbol de mi pueblo:
Éramos cinco o seis recostados en la pared de la caseta medio derruida de lo que pretendió ser unos vestuarios para los que jugaban al fútbol, mirando como en la otra portería había otros niños jugando a la pelota y pasándoselo bien mientras nosotros nos aburríamos como ostras, pensando qué podríamos hacer que no fuera jugar al fútbol, que hace calor y cansa mucho, cuando me vino a la pituitaria el mismo olor que hoy:
-Joder, vaya olor a mierda que hace –dije.
-Sí, ahí dentro hay una mierda de caballo –contesta uno.
Me levanto y veo una obra de cuerpo impresionante, ¿era posible que un niño hiciera aquello?, porque por allí sólo íbamos niños, eso sólo se podía haber hecho después de pasarse cuatro o cinco días sin haber soltado ni una burbuja de aire, nada, todo guardadito para sacarlo de una sola vez. Y allí la teníamos, como un presente que alguien generoso había depositado para sacarnos de nuestro estado de abatimiento.
-Eh, mirad qué maravilla.
Entraron todos.
-Joder, pesará un kilo.
-Esa es de ayer, ya está seca por encima.
-No, tendrá dos días.
-No, es de ayer, ahora verás como la capa de encima es pequeña –coge un palo y se lo inca levándolo a los ojos de los demás –ves que tierna está por dentro.
-Es verdad –asentimos.
-¿Queréis que la plastifiquemos? –digo.
-¿…?
- Sí hombre, prendemos un saco de plástico y le echamos las gotas que se producen cuando se derrite sobre la mierda y cuando se enfríe se queda plastificada y la podemos guardar mucho tiempo.
-Bien, pero será mejor sacarla fuera antes.
Dicho y hecho, mientras unos buscan unos sacos de plástico los otros le metemos con cuidado una maderita por debajo y la sacamos entera al campo de fútbol, al lado de la portería sur. Cuando llegan los de los sacos, nos repartimos uno cada uno y les prendemos fuego; entonces nos ponemos todos alrededor del trofeo y empezamos a dejarle caer encima las gotas ardientes de plástico derretido. Entre que la habíamos removido un poco y el calor de las gotas de plástico que la estaban asando, se elevaba un olor, como diría yo, NAUSEABUNDO, pero nada, allí estábamos aguantando hasta que se consumieron los plásticos. La verdad es que quedó muy bonita, estoy seguro que si eso lo hace una artista de renombre, le pagan una pasta y lo consideran una obra de arte: “Mierda de Tal plastificada a los cuatro puntos cardinales”, no te jode.
-Y ahora qué.
Bueno, por esta zona, yo no sé por qué, siempre hay quien lleva un petardo en el bolsillo.
-Y si…
-Pues claro, ya tardas.
El tío le clava el petardo y le prende fuego. Pero los niños son así, sino, no serían niños. ¿Y qué hacen los niños? Pues comprobar que todo sale bien. Lo normal en adultos hubiese sido que, uno, el más atrevido, o el más rápido le hubiese prendido fuego al petardo, mientras los otros a una distancia prudencial hubieran estado atentos a las operaciones del valiente pirotécnico para terminar en una risa y aplauso general. Pero la lógica de los niños es distinta, el niño actúa como el buen reportero, tiene que estar allí dónde se produce la noticia, no vale que te la cuenten; o sea, que si uno se agacha a prender fuego a la mecha del petardo, los demás se agachan a su alrededor para comprobar que efectivamente lo está haciendo bien, porque puede pasar que no lo haga bien, y siempre hay uno que tiene que decir que levante la mecha, otro que la sujete con el dedo, otro que clave un poco más el cohete, otro comprobar que huele bien… Pero eso no es todo, porque una vez ha prendido la mecha, hay que comprobar que no se va a apagar, y entonces, como una corriente telepática, les llega la orden a todos los pequeños cerebros que el proceso de ignición está iniciado correctamente y que la cuenta atrás está a punto de concluir, lo que significa que el momento de la detonación está muy cerca. Entonces las piernas de todos se disparan como unos muelles hacia arriba para salir como alma que lleva el diabooooooommmmmmm.
…
Demasiado tarde, o demasiado pronto. Demasiado tarde hemos salido de allí y demasiado pronto ha explotado el petardo. Afortunadamente, como éramos muchos, salimos a menos cada uno. El que más suerte tuvo fue el que se levantó primero, el traidor, y le llegó todo por la espalda, pero a los demás, desde la cara hasta los pies, ¡llenos de mierda recalentada! Primera reacción: intentar quitárnosla de encima; craso error, porque lo único que conseguíamos era extenderla más por la cara, los brazos, las piernas, la ropa… Del otro lado del campo de fútbol oímos a los otros niños quejarse del olor a mierda que hacía. El olor llegó incluso al pueblo que se encuentra a unos doscientos metros. Pero allí llegó poco. Poco porque el mucho lo teníamos nosotros encima. Qué remedio, nos fuimos corriendo y maldiciendo a un pequeño arroyo que pasa cerca y nos limpiamos como pudimos. No recuero qué me diría mi madre cuando llegué a casa, tampoco importa. Lo que sí que me gustaría saber es quien fue el valiente que hizo aquella Obra Monumental, me hubiese gustado darle la enhorabuena.
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COSAS MIAS
23/07/07
NOCHES DE PERROS

Este fin de semana lo he pasado en una casa rural de un pueblecito de la montaña de Castellón cerca del Monte Peñagolosa. El lugar es encantador, un pueblo situado en la cima de una montaña que ha ido creciendo hacia abajo, con empinadas cuestas y escaleras que suben y bajan para hacer al andante más corto el camino. Gracias a las subvenciones, las viviendas, sobre todo las fachadas, se están rehabilitando quitando los estucos, que una modernidad mal entendida, cubrió la piedra viva que forma las paredes. Además la casa rural en la que nos alojamos era una maravilla; en su tiempo fue una vieja almazara y ahora, tras una rehabilitación con gusto y personalidad, es una vivienda cómoda y muy agradable. Y su dueña, Pepa, tiene unas manos para la cocina que ni el Arguiñano y nos ha cuidado como si fuéramos sus hijos.
Pero llegó la noche. Después de una cena impresionante, salimos a dar una vuelta para que bajara la cocina y hablar con la gente mayor del pueblo, lo que más me gusta, y después a dormir, o ese era el plan previsto. Nos acostamos y a dormir, pero al cabo de un rato empezó un perrito a ladrar. Hostias con el perrito, no se callará. Che, dicho y hecho, el perrito se calla, pero entonces empieza otro, el Gran Capitán lo bauticé. Debería ser un perro grande como un caballo porque se oía como si lo tuviera al lado, pero se notaba que estaba bastante lejos. Ah amigo, eso fue la orden para que empezarán todos los demás perros el concierto más impresionante que jamás haya oído en mi vida. Coño si había perros allí, era algo inenarrable. Entonces me di cuenta de algunas preguntas que no me había parado nunca a responder ¿Usted sabe a dónde van a parar todos los perros que se abandonan por las carreteras? Y esos perros que dicen las protectoras de animales que se sacrifican por no poderlos atender ¿sabe lo que pasa con ellos? NO, pues yo sí lo sé. Van todos a parar a este pueblo. Allí hay miles, millones de perros que se esconden por el día, pues no vi ninguno, pero salen por la noche de sus guaridas y cuevas y se ponen todos juntos a ladrar, y ala, allá van. Y no se cansan los cabrones. Y a media noche cuando ya estás hasta los huevos, empiezan a aullar como si lloraran la pérdida de algún peregrino que se acaba de suicidar harto de no poder pegar ojo en toda la puta noche. Y como por arte de magia, cuando sale el sol, el Gran Capitán da la orden y se callan todos los hijoputas y desaparecen de la faz de la tierra.
Bueno, espero que el día sea mejor, como lo fue, hasta la noche siguiente. Otra buena cena, paseíto, charleta con las abuelas y a dormir. Cuando no hago más que pegar los ojos, se lo juro por mis muertos más tiernos, creí que me iba a dar un síncope cuando oí al dúo Pimpinela cantando a toda hostia rompiendo el breve silencio de la noche ¡Vete! Olvida que existo… Cagondiós, qué coño es esto. ¡Una verbena!, y lo más extraño es que recorrimos todo el pueblo y no vimos ningún escenario ni nadie nos dijo que hubiera una verbena, pues la fiestas no empiezan hasta el día 3 ¡Y pega la vuelta! Jamás te pude comprender… Y luego el Opá, y ¿Mami que será lo que tiene el negro?... ¿no lo sabe? El negro tiene un perro como un avión, porque al acabar la verbena el Gran Capitán dio la orden y todos los perros del mundo empezaron de nuevo a darme por el culo otra puta noche.
Y lo peor de todo no es esto, no, lo peor es que la parienta al levantarse me dijo que ya hacía mucho tiempo que no dormía tan a gusto como estas dos noches. Se lo juro, snif, bua. ¿Qué se puede hacer en casos como éste? ¿Es esto un motivo de divorcio?
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1/05/07
MONO DE BLOGS
Lunes por la tarde, llego pronto a casa, me ducho y me pongo delante del ordenador con ganas de leer lo que tengáis de nuevo en vuestras bitácoras. Conecto el ordenador y el señor Windows no se digna arrancar, “me cago en la madre que lo parió”. Lo apago y lo vuelvo a encender: el mismo resultado. Más cagadas. Otra vez reinicio; blasfemias. Le meto una hostia al monitor y reinicio; cagadas y blasfemias. Miro el reloj: las seis y media; en la tienda de informática cierran a las siete. Tengo tiempo. Desconecto todos los cables del ordenador, me lo cargo y lo bajo al coche. A toda hostia antes de que cierren… y me meto en el atasco. Muchas cagadas y blasfemias… pero llego a las siete menos diez “¡Está cerrado! Se habrán cogido puente. Imbécil, habrías podido llamar por teléfono!” Vuelta a casa con un cabreo de cojones y encima cada vez más coches, mierda. Mientras conduzco voy pensando: “mañana es fiesta, el miércoles no lo podré llevar hasta por la tarde, como sea algo grave o tengan mucho trabajo mínimo tres días, jueves y viernes, y luego el fin de semana. O sea que hasta el LUNES siguiente no podré disponer de nuevo del ordenador de los huevos” Frenazo que casi me como el Renault 5 de delante. Gritos, blasfemias y un brazo que sale por la ventanilla coronado por un puño del que sale el dedo corazón señalando hacia el cielo. Me asomo por la ventanilla y pido perdón “¿Todavía quedan de estos?” Un poco más adelante adelanto la reliquia y me veo a un anciano al volante: “Jóder con el viejo” (entre él y el coche sumarán más de 110 años). Llego a casa. Subo y conecto el ordenador por si acaso ¡Funciona! De puta madre a visitar blogs. Me llaman. Bueno mañana tengo todo el día.
Es el día de mañana, martes por la mañana y fiesta, conecto el ordenador y no va: “Me cago en… y en… y en… y en….y…” Hago mil pruebas, le pego una patada a la caja y …MILAGRO funciona. Voy a conectarme y me llaman por teléfono que por favor vaya a ayudar a mi cuñado a hacer un traslado de trastos. Bueno, a la tarde será… Por fin llegó la tarde: “no hay moros en la costa”. Escribo esto y me conecto: “A ver qué coño ocurre ahora”. (De todas formas deberé llevar el ordenador al servicio técnico porque cualquier día petará y será peor)
Es el día de mañana, martes por la mañana y fiesta, conecto el ordenador y no va: “Me cago en… y en… y en… y en….y…” Hago mil pruebas, le pego una patada a la caja y …MILAGRO funciona. Voy a conectarme y me llaman por teléfono que por favor vaya a ayudar a mi cuñado a hacer un traslado de trastos. Bueno, a la tarde será… Por fin llegó la tarde: “no hay moros en la costa”. Escribo esto y me conecto: “A ver qué coño ocurre ahora”. (De todas formas deberé llevar el ordenador al servicio técnico porque cualquier día petará y será peor)
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28/04/07
RECOGIENDO MIEL

Hoy, como todos los años por estas fechas, he ido con mi padre a coger miel de unas colmenas que tenemos. Mi abuelo era colmenero y tenía un camión de colmenas que llevaba por toda España buscando siempre el florecimiento de determinadas plantas para poder recoger miel en diferentes estaciones del año. Mi padre debido a la afición que cogió de joven todavía mantiene unas cuantas que nos dan miel para casa durante todo el año.
La visión de una colmena abierta es espectacular, miles de insectos organizados minuciosamente se dedican cada uno a su tarea encomendada genéticamente para que el conjunto de la colmena funcione como una máquina perfectamente programada. Es curioso ver como al abrir la colmena y echar humo en su interior (el humo es imprescindible para atontar y desorientar a las abejas y así evitar que se echen todas encima a picar) miles de individuos huyen en la misma dirección sin que haya nadie que les diga por dónde tienen que salir ni con letreros que indiquen las salidas de emergencia. Si en casos de emergencia las personas salieran igual de organizadas que las abejas se ahorrarían muchas vidas provocadas por el pánico y la desbandada general.
La abeja es un animal singular. Su vida está entregada por completo a la colmena, de ella vive y a ella sirve. La abeja es leal, valiente, fiel, responsable y una trabajadora incansable. Los humanos tenemos mucho que aprender de un ser tan diminuto ya que nosotros, aunque de forma diferente, también vivimos en sociedad, cosa que parece que cada vez se olvida más y el individualismo se está erigiendo como el apóstol sentado a la derecha del gran dios todopoderoso, el Dinero.
La recogida de la miel es un trabajo bastante duro sobre todo porque se hace en condiciones de calor ya que para extraer la miel se necesita que el día esté soleado para que la miel esté fluida, y claro, uno debe ir bien protegido para evitar las picaduras de las abejas por lo que hay que ir bien tapado desde los pies hasta la cabeza. De la colmena se extraen unos cuadros de madera que son donde están las celdillas de cera que almacenan la miel. Las abejas cuando llenan una celdilla de miel la sellan con una capa fina de cera. Esta capa hay que cortarla con un cuchillo muy afilado, este es el trabajo más delicado. Después los cuadros se ponen en una máquina que lo que hace es rodar los cuadros a gran velocidad y que por el principio de la fuerza centrífuga, de las celdillas sale expulsada la miel que se recoge en un recipiente. Después los cuadros se devuelven a la colmena para que las abejas lo vuelvan a llenar.
Pero claro, todo en esta vida tiene un precio. Este año me han picado dos abejas en la oreja izquierda a menos de un centímetro una de otra. Os podéis imaginar cómo se me ha quedado, roja como un tomate y tan hinchada que parecía la de un elefante.
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COSAS MIAS
23/04/07
LA CUEVA
Estuve en ese lugar por primera vez hará unos diez años. Un par de años después volví aunque esa vez me costó bastante más llegar. El lugar no tiene nada de especial. Es un abrigo en una montaña no demasiado alta, ya digo, sin ningún atractivo en sí a no ser por una enorme carrasca (encina), la más grande que se conserva por estos lares y que sólo recibe la visita de los jabalíes que van a comerse sus bellotas, y por la vista espectacular que se puede observar desde allí: a sus pies se extiende el fértil valle del río Vernissa y al fondo, como un guardián centenario, se encuentra el Monestir de Sant Jeroni de Cotalba con su impresionante torre campanario de piedra, desde donde se controlaba el cuerpo y el espíritu de los habitantes de su feudo (hoy por desgracia se han construido muchos adosados en los pueblos de alrededor, un polígono industrial, una autovía y hay proyectados dos campos de golf con unas 2000 viviendas, que se han cargado el paisaje, pero ¿a quién le importa?)
Hará unos tres años intenté subir al abrigo de roca pero la maleza había crecido tanto que me fue imposible pasar. Las aliagas, las zarzas y todo tipo de maleza habían crecido como un cinturón alrededor de la covacha como si quisieran guardar algún tesoro escondido en su interior. El año pasado lo intenté de nuevo por otra ruta pero el resultado fue el mismo: de nuevo la maleza por un lado y el alto farallón por el otro me impedían el acceso. Y finalmente este sábado pasado lo intenté de nuevo por otro sitio con idéntico resultado: fracaso total, me clavé más de mil púas que tardaré varios días en extraer de mil partes de mi cuerpo sin conseguir el objetivo final.
Al bajar al llano cansado, hostiado y magullado me volví a mirar la maldita cueva. Tenía el cuerpo empapado en sudor aunque la temperatura había bajado. El viento fresco del atardecer columpiaba suavemente las ramas de los árboles allá arriba en la montaña. Una pareja de cernícalos comunes que tenían el nido en un agujero del abrigo daban vueltas suspendidos en el aire. Entonces cesó el viento y se produjo un gran silencio… roto sólo por unas sordas y profundas carcajadas que provenían del interior mismo de la cueva.
Hará unos tres años intenté subir al abrigo de roca pero la maleza había crecido tanto que me fue imposible pasar. Las aliagas, las zarzas y todo tipo de maleza habían crecido como un cinturón alrededor de la covacha como si quisieran guardar algún tesoro escondido en su interior. El año pasado lo intenté de nuevo por otra ruta pero el resultado fue el mismo: de nuevo la maleza por un lado y el alto farallón por el otro me impedían el acceso. Y finalmente este sábado pasado lo intenté de nuevo por otro sitio con idéntico resultado: fracaso total, me clavé más de mil púas que tardaré varios días en extraer de mil partes de mi cuerpo sin conseguir el objetivo final.
Al bajar al llano cansado, hostiado y magullado me volví a mirar la maldita cueva. Tenía el cuerpo empapado en sudor aunque la temperatura había bajado. El viento fresco del atardecer columpiaba suavemente las ramas de los árboles allá arriba en la montaña. Una pareja de cernícalos comunes que tenían el nido en un agujero del abrigo daban vueltas suspendidos en el aire. Entonces cesó el viento y se produjo un gran silencio… roto sólo por unas sordas y profundas carcajadas que provenían del interior mismo de la cueva.
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