
Cuando empecé con mi blog jamás pensé que tuviera que escribir nada parecido a esto. Todo empezó anoche cuando después de ver los regalos de los Reyes Magos y de acostar a todo el mundo me senté delante del ordenador con la intención de dar una vuelta por la blogosfera para enterarme de las últimas novedades, y al mirar primero en el mío si había algún comentario nuevo, la amiga Thalatta me dice que visite el sitio de e-catarsis. “Joder, ya era hora de que volviera, que nos ha tenido a dos velas demasiado tiempo” y cuando llego lo veo todo igual: “no lo entiendo”. Voy a casa de Tha y leo una entrada extraña, miro sus comentarios y más extraños aún, regreso a e-catarsis, miro, remiro y no observo nada, visito amipesar y, hostia, la cosa se va aclarando. Entonces regreso a e-catarsis con cierto desánimo y mucha congoja, leo todos los comentarios a su desgraciada última entrada y me entero de lo que pasa: “no me lo puedo creer. Qué coño quiere decir eso de que ya no está, de que ha muerto”. No me lo creo, no me lo quiero creer, busco alguna excusa y dejo un comentario argumentando ciertas contradicciones en la noticia, pero…
Esta noche he dormido muy mal, no me lo podía quitar de la cabeza. E-catarsis me encontró cuando yo aún tenía mi primera bitácora y de los primeros cuatro o cinco comentaristas que tuve, con ella fue con quien mantuve una relación duradera, que llegó hasta el otro día. Gracias a ella os he conocido prácticamente a todos los que normalmente os dejáis caer por aquí y dejáis constancia de vuestra visita, pues fue entrando en sus enlaces como os conocí a muchos. Después siguiendo vuestros enlaces conocí a otros. Pero el centro del círculo de blogs por el que me muevo es e-catarsis. Yo la llamaba mi debilidad, porque lo era, incluso nos escribíamos por correo electrónico. Me gustaría ponerlo aquí para que todo el que quiera le pueda mandar un correo personalmente a ella, para que lo pueda leer allá donde esté, pero no sé si debo.
Tengo una sensación extraña. He perdido una amiga, pues así la considero, con la que no había hablado nunca, ni la había visto. No sé qué edad tiene, ni cual es el color de su pelo, ni conozco el timbre de su voz. Sólo sé que era una mujer, que se llamaba María y que era de Cartagena: poca cosa. Y sin embargo habíamos llegado a intimar algo. Tengo una presión en el pecho que me ahoga e incluso ganas de llorar. Extrañas sensaciones por una persona que no he conocido personalmente. Puñaladas da la vida.
Y lo que más me jode de todo este asunto es que su último post fuera tan terrible, que el Truman Cipote de la mierda le hubiera hecho esa putada tan grande que le hizo, humillándola en público y que ella tan sólo dos días después nos abandonara sin haber tenido el tiempo suficiente de demostrarle al hijoputa ese que ella tenía cien veces más talento y gracia que él.
Sólo deseo que esto no sea más que una broma macabra que nos está gastando y que el día menos pensado aparezca por aquí, porque se la echa mucho de menos. Yo por si acaso no borraré nunca su enlace de mi blog, y de vez en cuando entraré para ver si hay alguna bonita sorpresa.
Hasta siempre e-catarsis, mi debilidad.
