24/9/08

MENUDA TARDE

Hay días en los que más vale quedarse en la cama, o, nada más levantarse, caerse en un pozo y quedarse allí hasta la noche, cuando es hora de volver de nuevo a la cama. Digo esto por la tardecita que me he pasado: Nada, absolutamente nada me ha salido bien. Cuento:
Para la comunión de mi hijo le compré un televisor en el Carrefur para que se pudiera conectar la consola. Como la consola ya me costó una pasta, compré una de esas de ocasión que tienen, o bien porque es la última que queda, o porque no tiene embalaje… Total, que el puto televisor ya no funciona, me pongo a buscar el tique, ¿tú lo encuentras? Yo tampoco; he revisado toda la casa palmo a palmo y el puto tique que no aparece. Sigo buscando por donde seguro que no está y… ¡Aleluya! El hijoputa sí que estaba, aunque la tinta se ha volatilizado y no se lee nada, pero menos mal que va grapado a una factura, espero que sirva, sí servirá, qué cojones. Bueno pues ya está, al Carrefur a solucionarlo.
Resulta que la cadena de música también la tengo jodida, se me jodió no sé qué de unas poleas hará unos cuatro meses y la llevé a arreglar, pero… ahora se ha vuelto a joder lo mismo. Pues mira tú, qué bien, ahora que voy al Carrefur, paso por el servicio técnico de Sony y dejo también la cadena de música de los huevos.
Me visto. Como hace un poco de frío, me pongo por primera vez este año un suéter de manga larga “Massimo Dutti”, negro, muy chulo; y unos vaqueros largos, al armario los cortos, tan cómodos, en fin; me calzo un zapato en cada pie; un poco de colonia y hala, que ya hace días que no voy a la ciudad.
Primera parada: El Carrefur. Visita obligatoria a los libros y después con la facturita y el tique invisible a la caja central. Me atiende una amable señorita y después de contarle el caso, mira la factura y me dice que esa factura es de un teléfono móvil. ¿Cómorl? Le juro por mis muertos que yo en el mes de mayo de este año he comprado un televisor y no un móvil; si al menos se pudiera leer el tique. Se puede, me dice, hay que pasarle la llama de un mechero por debajo y aparecen las letras, pero eso lo tendrá que hacer fuera del supermercado. Bueno, gracias. Salgo al coche, que allí tengo un mechero, pero hace viento, mejor dentro, empiezo a pasarle el mechero: Cagondiós, va y se enciende el cabrón como si fuera gasolina de lo seco que estaba, una peste a humo dentro del coche que ya verás mi mujer. Vuelta para dentro. Mira perdona, pero es que no ha salido bien lo del tique y el mechero, ¿no puedes mirar por la fecha y el número de tique qué es? Es que mirar tres años atrás va a ser complicado, me dice la tía. ¿Pero qué dice? Miro bien la fecha: 18/05/05. Por la gloria de mi madre que yo había visto más de diez veces: 18/05/08. Lo juro por mis muertos más tiernos, por mi vida y la de mis hijos. Lo juro, lo juro y lo juraré hasta la muerte. Ejem, esto, yoooo… Usted perdone, es la obsesión. Adios y gracias.
Cagonlaputadoros.
Segunda parada: llego al servicio técnico de Sony y está cerrado. En la puerta pegado hay un cartel. Se alquila, teléfono tal. Joder lo que faltaba. Llamo, no lo cogen. Vuelvo a mirar el teléfono y lo había marcado mal. Vuelvo a llamar. Se pone una mujer que no tiene ni idea de lo que digo. Mientras hablo, miro el teléfono de la puerta y lo he vuelto a marcar mal. Perdone y cuelgo. Vuelvo a llamar. Sí. ¿El servicio técnico? Sí. Le cuento el caso. Lo siento pero es que mi marido está mal de la vista y hemos tenido que cerrar. ¿Y dónde está el servicio técnico ahora? En Xàtiva, a 40 km. Hay que joderse. Bueno ya veremos (y al llegar a casa pienso: pero si el que la ha pifiado es el marido mal de la vista, los otros me van a querer cobrar la reparación. Cagonlahostia).
Subo al coche, tengo calor, me arremango: cojo con dos dedos la manga derecha por el codo y tiro hacia arriba: Raaaacccc. Le hago un agujero que cabe la mano. Cagontolosantos. Paro a poner gasoil. Al salir de la gasolinera me arremango la manga izquierda: Raaaacccc. Eeeehhhh! Ya pensabais que el agujero sería igual. No, afortunadamente, éste es sólo unos pocos centímetros menor, porque lo he hecho con más cuidado.
Y entonces me ha venido a la cabeza aquella canción de los 80 de Los Elegantes: “mangas cortas necesito, yo para mí”
Eso es lo ha dicho mi sufrida esposa cuando lo ha visto. Le cortaré las mangas y ya lo tienes para el año que viene. Pues eso.

18/9/08

EXPO ZARAGOZA 2008


El lunes se clausuró la Exposición Internacional de Zaragoza 2008. No sé si se lo creerán, pero yo prácticamente no me he enterado de que se estaba realizando. En la televisión no he visto ninguna imagen de sus pabellones, y ni tan siquiera sabía que tenían una mascota, Fluvi, la vi por primera y única vez el mismo día de la clausura.
Yo recuerdo que cuando fue la Expo de Sevilla, nos dieron por arriba y por abajo. A todas horas estaban dando la tabarra con la dichosa Expo: en la televisión salía todos los días, te mostraban todos los pabellones, y eso que no había tantas televisiones como ahora, te enterabas de las actividades que allí se hacían, se montaban viajes para ir a verla, centenares de autobuses salían todas las semanas hacia Sevilla, el Curro de los cojones salía hasta en la sopa…
¿Y qué ha pasado en Zaragoza? No conozco a nadie que haya ido a ver la Exposición, a nadie, y eso que dicen que la han visitado cinco millones y medio de personas, no he visto camisetas, ni pegatinas… nada, no he visto nada de Zaragoza. Posiblemente no sea el mismo tipo de Exposición que la de Sevilla, pues ésta está dedicada a un tema concreto: el agua; pero yo no me enterado de lo que allí se estaba haciendo. Y eso que tanto el gobierno de la nación, como el autonómico y el municipal son del PSOE, los mismos que en el 92.
En fin, no lo entiendo, creo que los de Zaragoza no se lo han sabido montar como los sevillanos.

15/9/08

FALTA DE ORGANIZACIÓN


Soy donante de sangre desde hace unos cuantos años, y lo que está pasando este año no lo había visto nunca. Resulta que el hombre puede dar sangre cuatro veces al año, y la mujer tres, es decir, que los hombres damos sangre cada tres meses. Coincidiendo con estos plazos, cada tres meses más o menos, viene a mi pueblo la unidad móvil de transfusiones de la Agencia Valenciana de Salud para hacer las extracciones. Unos días antes de que vengan, envían a casa una carta informando del día, la hora y el lugar donde se realizarán las donaciones, y ese mismo día por la mañana hacen bando en el pueblo para recordar a los posibles donantes que por la tarde se harán las extracciones.
Pues bien, en la donación pasada ya me ocurrió, pero al final conseguí dar sangre, pero esta vez ya no lo han consentido. El último día que doné fue el 5 de junio de este año, y el día 8 de septiembre debía volver a dar; en la práctica han transcurrido más tres meses desde la última donación, y por lo tanto podría dar sangre, es más, según me ha informado el médico, el tiempo mínimo entre donación y donación es de dos meses, por tanto ¿dónde está el problema? Resulta que si contamos un año a partir del día 8 hacia atrás, vemos que de las cuatro donaciones legales que se pueden realizar en un año, la primera fue el día 10 de septiembre del año pasado, o sea, que faltan ¡DOS DÍAS! para que haya transcurrido el plazo legal establecido de un año para hacer cuatro donaciones. Por dos putos días no puedo dar sangre, y no sólo yo, sino también todos los que acudieron a dar sangre ese día 10 de septiembre del año pasado y que han realizado las cuatro donaciones, tampoco hoy van a poder dar sangre.
Me he quejado al médico encargado de las donaciones, y también lo voy a hacer a la Agencia Valenciana de Salud, porque es absurdo, que después de hacer tanta propaganda pidiendo voluntarios para que donen su sangre, y más aún en verano, que por falta de atención y organización, se echen a perder unas cuantas donaciones.

10/9/08

EL BUZO (II)

Esta mañana he ido al hospital a visitar al señor que rescatamos el otro día en la montaña. Cuando pregunté por él en recepción me dijeron que no constaba nadie que hubiera ingresado tal día con esas características: “se lo habrán llevado a algún hospital de Valencia pues por aquí no hay otro”, pensé.
En el mismo hospital solicité los números de teléfono de los principales hospitales de Valencia; una vez en mi poder salí a la calle, me senté en un banco a la sombra de un árbol y empecé a llamar a todos los hospitales: en ninguno había ingresado nadie vestido de buzo la noche de ese día, ni tenían ninguna noticia de nada similar.
Volví a entrar en el hospital y empecé a hacer averiguaciones sobre quién era el médico que esa noche estaba de guardia. Después de tocarle bastante los cojones a más de uno, averigüé quién era y fui a buscarlo. Tuve que hacer turno como si fuera un paciente más y al cabo de más de dos horas de aburrida espera, conseguí entrar en la consulta. Cuando le conté el caso se quedó estupefacto; como no tenía ni idea del asunto, cerró la consulta en ese mismo momento, con el cabreo general de los pacientes que pacientemente estaban haciendo cola y entre insultos, cagontós, cagonlaseguridadsocial, y posibles reclamaciones, salimos escopetados hacia la sección de urgencias. En un minuto los puso a todos firmes: ninguno sabía nada de nada. Entonces averiguamos quién era el conductor de la ambulancia que lo había recogido en la montaña y fuimos a hablar con él. Nos dijo que sí, que efectivamente había recogido a un señor desvanecido y vestido de buzo en la montaña, incluso se acordaba de haberme visto por allí, pero… y nos hizo prometer que no lo comunicaríamos al hospital: el servicio lo había hecho solo, sin médico, porque no había nadie disponible en ese momento y porque le habían dicho que no era un caso grave; entonces al llegar a la ciudad, paró en un semáforo, un momento antes de arrancar le pareció oír un ruido en la parte trasera, pero no hizo caso. Cuando llegó al hospital, enseguida salió un celador a ayudarlo, pero al abrir la puerta, la ambulancia estaba vacía; el celador de dijo que qué broma era esta y él contestó que sólo quería cargar una silla de ruedas y se fue olvidándose del tema y dando el servicio por perdido. Más vale perder un paciente que el trabajo.
Es todo lo que os puedo decir.

7/9/08

TRAS EL INCENDIO


El otro día hubo un incendio en las montañas de mi pueblo y me apunté como voluntario para ir a colaborar en las tareas de extinción. Junto con nosotros habían tres brigadas forestales y dos camiones autobombas; desde el cielo llegaron dos helicópteros, tres dromaders y dos hidroaviones. Con semejante despliegue y con el viento un poco a favor conseguimos controlarlo pronto y antes del anochecer se dio por extinguido. En total se dice que debieron arder unas 30 hectáreas de matorral y 10 de pinar. Pero el trabajo de extinción no termina hasta que se ha comprobado que no queda ningún rescoldo en el perímetro del incendio.
Cuando se dio por extinguido el fuego me fui a mi casa a descansar, pero no sé qué me pasaba que por la noche no me podía dormir, y harto de dar vueltas en la cama, me levanté y me subí al monte a donde estaba el retén de guardia. Por la mañana había conocido a un forestal y hecho algo de amistad, y hablando nos fuimos a pasear por el borde del incendio para ver si pudiera haber algún rescoldo. Cuando llevábamos una media hora caminando nos pareció oír unos jadeos que nos helaron la sangre; nos miramos a los ojos con cara de sorpresa y agudizamos los oídos por si nos habían traicionado. Al cabo de un momento volvimos a oír otra vez los jadeos. Sí, esta vez sí que los habíamos escuchado con más nitidez, y no cabía duda de que eran jadeos humanos. En seguida nos metimos en la zona quemada y empezamos a subir la montaña con la mirada puesta en el supuesto lugar de donde procedían los lamentos. A cada paso que dábamos se aceleraba nuestro corazón, pero no por el esfuerzo de la subida, sino por la incertidumbre de lo que nos podíamos encontrar a las cuatro de la madrugada en un monte que acababa de arder por los cuatro costados. Al cabo de un rato, empapados de un sudor frío y con el corazón a punto de reventar la caja torácica llegamos a la cumbre. Medio asfixiados por el esfuerzo aguzamos de nuevo el oído esperando oír los jadeos, pero sólo obtuvimos el silencio por respuesta. Mi compañero sin avisar gritó: “¡hay alguien ahí!”, que me dio un susto, el cabrón, que casi me mata. Entonces, escuchamos una voz muy débil que decía: “aquí, gracias a dios, estoy aquí”. Seguimos la dirección de la voz y cuál fue nuestra sorpresa cuando al llegar a los pies de un gran pino completamente calcinado, vimos arriba, apoyado en una rama, a un hombre agarrado al tronco.
La oscuridad era casi total, sólo las estrellas conseguían con mucho esfuerzo mitigar un poco el negro absoluto. Entonces me decidí a subir al árbol para ayudar a bajar al singular personaje. Cuando llegué a su altura me quedé alucinado; era increíble, imposible, fantástico, absurdo, irreal y surrealista; aunque viviera un millón de años, sería imposible ver de nuevo una cosa así. Con mucho esfuerzo conseguimos bajar al hombre del árbol y lo tendimos en el suelo. “Agua por favor, denme agua”, “lo sentimos, señor pero no tenemos, le llevaremos a la base y allí podrá beber, pero díganos, ¿cómo ha llegado hasta aquí?”; “yo, yo …” y se desmayó. Con el móvil llamamos a la base y pronto se puso en marcha el operativo de rescate. Afortunadamente el hombre llegó bien al hospital, aunque sin sentido.
Pero lo más extraordinario no es que estuviera en plena madrugada en la cumbre de una montaña quemada, y para más inri encima de un pino calcinado, sino que fuera vestido de buzo, con botella de oxígeno a la espalda y aletas en los pies.

3/9/08

APATÍA

El móvil que tengo tiene tres años y medio y hace algún tiempo que lo quiero cambiar, pero como no tengo suficientes puntos para que me den uno nuevo, y como no me quiero gastar un duro en él, he decidido cambiar de compañía para que me lo regalen. Pues bien, el lunes día uno de septiembre acudí a una tienda de “The Phone House”, creo que se llama, para que me ofrecieran algo interesante. La dependienta que me atendió estaba como un tren, tenía unos ojos preciosos, yo diría que eran amarillos, no había visto nunca unos ojos así, pero yo no sé si sería su primer día de trabajo después de vacaciones o si no ha tenido vacaciones en tres años, ni me importa, lo cierto es que la tía tenía una apatía encima increíble; me sacó un catálogo, me marcó unos móviles y me dijo que esos eran los que entraban en la oferta, todo ello sin mirarme a los ojos, mirando hacia fuera de la tienda, como queriendo evitar con su mirada que entrara más gente a joderle el día.
Al final, fue tanta su desidia, que me la contagió, y decidí en el último momento no coger el móvil y aguantar una temporada más con el mío.
Y yo me pregunto: ¿cómo puede una persona así estar de cara al público por muy guapa que sea? Yo jamás he trabajado de cara al público, pero pienso que conforme está el asunto ahora, cada posible cliente es una joya, y hay que conseguir que compre como sea. Si lo que se le ofrece al principio no le gusta, se le debe insistir en otras cosas, yo qué sé, pero no se le puede dejar ir así, sin más. Posiblemente sean las empresas las que tengan la culpa, no sólo por no seleccionar bien al personal, sino por no saber estimularlo lo suficiente. En fin, yo creo que haría las cosas de otra manera.
(Pero qué buena que estaba la tía)

29/8/08

IMPREVISIBILIDAD


Acabo de llegar de unos días de viaje por el Pirineo oscense, concretamente he estado visitando el Valle del Cinca y la comarca de Sobrarbe. Una zona totalmente recomendable para quien no la haya visitado, aunque por desgracia está demasiado masificada y prácticamente toda la actividad económica del lugar ya está dedicada al turismo, maldita palabra.
Una de las excursiones que hicimos fue al Valle de Ordesa. Llegamos a Torla, el último pueblo antes del valle, pagamos 18 €, por cojones, para coger un autobús, por cojones, porque con el coche tenían vetado el acceso, y nos trasladaron al parque. Mucha gente iba con mochilas para hacer su caminata correspondiente. Llegaríamos a eso de la una del medio día. Bajamos del autobús y empezamos a caminar. Yo iba extasiado contemplando el paisaje y haciendo fotos, cuando de repente, empezó a llover. Al principio eran unas gotas que nos obligaron a resguardarnos en los servicios, pero al cabo de unos minutos empezó a diluviar. Estuvimos listos, y en cinco minutos corriendo por debajo de los árboles alcanzamos el restaurante. Aprovechamos la única mesa libre que quedaba para sentarnos, comer y secarnos lo poco que nos habíamos mojado. Pero al cabo de un rato empezó a llegar toda la gente que había subido más temprano y que se habían ido caminando valle arriba. Mujeres, niños, bebés, ancianos. A nadie; la tormenta arreciaba con rayos y truenos y no respetaba a nadie. De la montaña empezaron a caer por los barrancos de desagüe magníficas cataratas que conducían el agua de lluvia hacia el río. Al salir al exterior hacía un frío que pelaba, y la gente iba calada hasta los huesos y con pantalones cortos y camisa de manga corta; más de una pulmonía se cogería ese día, seguro.
Mientras bajábamos con el autobús, mirando el paisaje y con mi hijo titiritando entre mis brazos, tenía sentimientos contradictorios. Por un lado pensaba en lo estúpidos que somos, pues yo sabía, porque lo había visto en la televisión, que había probabilidad de que por la tarde hiciera tormentas, como así fue, y como yo, lo sabría mucha gente. Pero da igual, por si no llueve no cogeré paraguas o impermeable, y me meteré hasta el fondo del valle, cuanto más lejos mejor. Pero por otro lado pensaba en que el verdadero fondo del viaje, su esencia, es eso, la imprevisibilidad. Sin ella el viaje se convierte en un ir y venir sin sustancia, deslavazado y exento de cualquier emoción.
Por eso recapacitaba lo que le expresé a un hombre en el restaurante, cuando le dije que acababa de hacer el viaje más caro de mi vida, pagar 18 € para recorrer cuatro o cinco kilómetros, porque estoy seguro de que gracias a la lluvia, recordaré esa excursión durante mucho más tiempo que si no hubiera pasado nada.

3/8/08

TODOS A LA CÁRCEL Y DE JUANA CHAOS EN LA CALLE

Supongo que TVE ya lo tendría programado desde hace tiempo, pero parece una broma macabra que el día en que sale a la calle el asesino De Juana Chaos, en La 2, por la noche, emitan la película de García Berlanga “Todos a la Cárcel”; y el primero que tendría que estar allí es el individuo éste, seguido por unos cuantos que yo me sé, tantos que no cabrían.
Pero bueno, así es el estado de derecho Gracias a Dios, y las leyes están para cumplirlas. Otra cosa es que las leyes estén mal hechas, y manda huevos que los que trabajan en el Congreso haciéndolas y ganando unos buenos sueldos, las hagan tan mal; deberíamos exigirles responsabilidades, o suspenderlos de empleo y sueldo por incompetentes.
Y ahora ahí tenemos a ese animal salvaje suelto por las calles, con esa cara de mala leche, de resentimiento hacia una sociedad que lo ha encarcelado por luchar por su patria, de amargura por los años pasados en la cárcel injustamente…, de hijoputa en pocas palabras; paseando por las mismas calles y los mismos parques que pisan aquellos que fueron pisoteados por su irracionalidad, su falta de escrúpulos y su cobardía.
Así es la ley y así se debe cumplir. Sólo le deseo una cosa: que a partir de ahora, sienta lo mismo que sienten todos aquellos que están amenazados por los que son como él: MIEDO; miedo de que se cruce un día con un hijo de una de sus víctimas y que piense que se le pueden cruzar los cables cuando le mire a los ojos y arrearle dos hostias en medio de la calle, o que le clave una navaja en el corazón. Que se sienta amenazado en todo momento, que la gente de la calle lo mire como si cada uno se le fuera a echar encima para despedazarlo como si fuera una bomba. Eso, que piense que cada uno de los ciudadanos con los que se va a cruzar por la calle son una bomba en potencia y que le pueden explotar en cualquier momento a su paso.
Yo no le deseo el mal a nadie, pero si algún día veo en el telediario que algún “loco” se ha cepillado al hijoputa éste, me alegaré.

Aprovecho para despedirme durante unos días que me tomaré de vacaciones. A todos los que lo estén les deseo que lo pasen bien y a los demás también.