Ya hace tiempo que vengo barajando la idea de abrir un nuevo blog para publicar las cartas desde la tumba que periódicamente me envía mi amigo. Ya sé que cada vez escribo menos aquí, y qué decir del blog que tengo en valenciano, pero tengo algunas cartas acumuladas y me gustaría publicarlas en un blog específico y éste dedicarlo a mis cosas y a mis ideas. Por eso, a partir de hoy, Jueves Santo, ni más ni menos, doy por oficialmente abierto el nuevo blog: A Tumba Abierta. El título es el mismo que abrí hace ya más de dos años y que fue mi primer blog, por eso he querido rescatar el título. El tipo de historias que se contarán, la mayoría ya las conocen, son vivencias que ocurren en un determinado cementerio, me excusarán que omita el lugar, y que les han ocurrido a gente corriente, como usted y como yo, que ya han fallecido.
Durante un par de semanas publicaré todas las cartas que tengo recopiladas, más que nada para tenerlo todo reunido, una vez publicado este material, empezaré con cosas nuevas. A los que les gusta leer historias, espero que les agrade.
Toda afirmación hecha sin pruebas, puede ser rebatida por una negación sin pruebas. (Euclides de Alejandría)
9/4/09
29/3/09
SUPOSICIONES
Supongamos que Dios existe.
Supongamos que Dios envió a su hijo Jesús a la tierra para salvarla del pecado.
Supongamos que Jesús hizo y dijo lo que está escrito en los Santos Evangelios.
Supongamos que la iglesia católica nació al amparo de esas enseñanzas.
Supongamos que la iglesia católica cumple a rajatabla las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
Supongamos que la iglesia católica cumple a rajatabla las normas que ella misma se ha autoimpuesto para su correcto funcionamiento.
Supongamos que los cardenales, arzobispos y obispos cumplen a rajatabla los votos de obediencia, pobreza y castidad.
Supongamos que el Papa es el verdadero sucesor de Pedro el apóstol.
Supongamos que el Papa es infalible y que lo que él dice va a misa.
Supongamos que soy idiota.
Supongamos que todo eso es verdad. Demasiado suponer, ¿no? En verdad creo que la única suposición verdadera es la penúltima.
Supongamos que Dios envió a su hijo Jesús a la tierra para salvarla del pecado.
Supongamos que Jesús hizo y dijo lo que está escrito en los Santos Evangelios.
Supongamos que la iglesia católica nació al amparo de esas enseñanzas.
Supongamos que la iglesia católica cumple a rajatabla las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
Supongamos que la iglesia católica cumple a rajatabla las normas que ella misma se ha autoimpuesto para su correcto funcionamiento.
Supongamos que los cardenales, arzobispos y obispos cumplen a rajatabla los votos de obediencia, pobreza y castidad.
Supongamos que el Papa es el verdadero sucesor de Pedro el apóstol.
Supongamos que el Papa es infalible y que lo que él dice va a misa.
Supongamos que soy idiota.
Supongamos que todo eso es verdad. Demasiado suponer, ¿no? En verdad creo que la única suposición verdadera es la penúltima.
15/3/09
ADOCTRINANDO A LOS ADOCTRINADORES
Las maquinaciones de la Generalitat Valenciana para adiestrar a las masas en su ideario político alcanzan tal sutilidad que rallan en lo maquiavélico. Resulta que la Generalitat, con el impoluto y trajeado Francisco Camps a la cabeza, a través de la Conselleria d’Educació, manda todos los días y a todos los colegios de la Comunitat, un ejemplar del diario El Mundo, La Razón, Las Provincias (diario regional de derechas), y a cada dos o tres días un paquete con los diarios ABC atrasados. El diario Levante (periódico regional de izquierdas) también llega a todos los colegios, pero pagado por ellos mismos y no por la Conselleria. Evidentemente no llegan ni El País, ni Público, ni ningún periódico de ideología progresista.
La Generalitat lo tiene muy claro: adoctrinar a los que adoctrinan a los más pequeños, para que crezcan sanos y fuertes en el ideario pepero y así, cuando alcancen la mayoría de edad, que no se equivoquen a la hora de elegir la papeleta del voto.
La Generalitat lo tiene muy claro: adoctrinar a los que adoctrinan a los más pequeños, para que crezcan sanos y fuertes en el ideario pepero y así, cuando alcancen la mayoría de edad, que no se equivoquen a la hora de elegir la papeleta del voto.
5/3/09
MANO DE SANTO
El primer día que vino José me contó, sin ni siquiera saber mi nombre, que Hacienda le había embargado la cuenta y que el banco no le daba 100 € que necesitaba urgentemente, y eso que todos los meses ingresaba 4800 € de nómina, ni más ni menos. El segundo día me contó, sin ni siquiera saber mi nombre, que le habían cortado la luz por tan sólo 50 € que debía. El tercer día me contó que tenía siete hijos de cuatro mujeres distintas, y que su hija mayor, nacida de una prima hermana suya, estaba embarazada y que vivía en su casa con su yerno y a su costa. Otro día, sin haberme preguntado aún cuál era mi nombre, me contó que había atropellado a su perro y le había partido la pierna y que el veterinario le pedía 275 € para curarlo… Lo que nunca me contó, y que yo sabía, era que jugaba a las tragaperras con dos máquinas a la vez, que se iba de putas día sí y día también, y que se emborrachaba casi todas las noches.
Todos los días venía a contarme alguna pena, no sé si verdad o mentira, ni me importa, con el objetivo claro de sacarme alguna perra. Hasta que dije basta. Llegó un día y, antes de que me contara la pena correspondiente, le conté mi vida, la historia que escribí en la entrada anterior. Puede que me pasase y pido perdón si he podido herir alguna sensibilidad, porque evidentemente todo es mentira, pero desde ese momento me ha dejado en paz. A pedir limosna, a la puerta de la iglesia.
Todos los días venía a contarme alguna pena, no sé si verdad o mentira, ni me importa, con el objetivo claro de sacarme alguna perra. Hasta que dije basta. Llegó un día y, antes de que me contara la pena correspondiente, le conté mi vida, la historia que escribí en la entrada anterior. Puede que me pasase y pido perdón si he podido herir alguna sensibilidad, porque evidentemente todo es mentira, pero desde ese momento me ha dejado en paz. A pedir limosna, a la puerta de la iglesia.
1/3/09
CONTANDO PENAS
Como todos los días últimamente, llegó tarde, estuvo un buen rato sentado en el coche escuchándo música y finalmente se decidió a bajar y acercarse hasta mí cojeando y fregándose los ojos. Sin decir buenos días empezó a contarme otra desgracia, otra pena que aflige a este pobre hombre desde hace ya algún tiempo. Después de oírle, no me pude aguantar y le conté yo también mi vida, que intentaba mantener al margen. Y una vez que se la he contado a él, qué más me da contarla aquí también. Igual hasta me viene bien.
Estoy divorciado, le conté; tengo dos hijos con mi exmujer que viven con ella. Le paso una pensión de 500 € mensuales para la manutención de los niños. Además, pago 679 € de hipoteca, de la hipoteca de mi casa, en la que vive mi exmujer con mis hijos y que tengo que mantener porque sino el banco se hará con mi casa, ya que ella dice que no paga ni un duro de la hipoteca, y que si le quita la casa el banco se va a vivir a casa de su madre, con dos cojones.
Llevo viviendo con otra mujer desde hace un par de años y ésta también tiene dos hijos a los que tengo que alimentar, por supuesto, pues ella está enferma, le han extirpado un tumor canceroso, y aunque todo ha ido bien, aún está convaleciente. También vive con nosotros mi madre que está enferma de alzéimer. Ah, se me olvidaba, también tengo que pagar 369 € de la letra del coche. Así es que ya ves, querido José, en todos los sitios cuecen habas.
Estoy divorciado, le conté; tengo dos hijos con mi exmujer que viven con ella. Le paso una pensión de 500 € mensuales para la manutención de los niños. Además, pago 679 € de hipoteca, de la hipoteca de mi casa, en la que vive mi exmujer con mis hijos y que tengo que mantener porque sino el banco se hará con mi casa, ya que ella dice que no paga ni un duro de la hipoteca, y que si le quita la casa el banco se va a vivir a casa de su madre, con dos cojones.
Llevo viviendo con otra mujer desde hace un par de años y ésta también tiene dos hijos a los que tengo que alimentar, por supuesto, pues ella está enferma, le han extirpado un tumor canceroso, y aunque todo ha ido bien, aún está convaleciente. También vive con nosotros mi madre que está enferma de alzéimer. Ah, se me olvidaba, también tengo que pagar 369 € de la letra del coche. Así es que ya ves, querido José, en todos los sitios cuecen habas.
13/2/09
¿LE PASA ALGO MALO AL PP?

Si yo no escuchara la radio ni leyera los periódicos y sólo mirara los informativos de Canal 9 la televisión valenciana, sobre la trama de corrupción del PP hubiese obtenido las siguientes conclusiones:
-Trama, ¿qué trama?
-El juez Baltasar Garzón es un tipo que odia al PP y que lejos de tener una carrera ejemplar, siempre ha buscado el máximo protagonismo en la mayoría de sus casos.
-Que Federico Trillo y Soraya Sáez de Santamaría han acudido a la Audiencia Nacional para recusar al juez Baltasar Garzón por ser anti-PP.
-Aquí lo realmente importante es que el Ebro este año viene muy crecido y toda el agua que está vertiendo al mar se podría aprovechar con un trasvase para regar la huerta de Valencia.
Ni que la policía la semana pasada entró en la Consejería de Turismo y se incautó de documentación; ni que hay una serie de altos cargos del PP en la cárcel o han sido interragados por un juez; ni que hay empresas que contrataban para el PP y que posiblemente fueran una tapadera para financiarlo; ni que Rajoy y Espe están mátame que te mataré y se acabarán muriendo; ni nada de nada. A esto se le llama información independiente. Con dos cojones.
8/2/09
MAMÁ, TENGO HAMBRE
«-¿Cuál es tu mayor deseo? –pregunto a una muchacha.
-Sueño con comprarme unos zapatos italianos, de tacón de aguja, de esos que valen mil cuatrocientos zlotys, y con tener una gran habitación donde cupiera una alfombra enorme mullida.
-¿Y no sueñas con comer?
-¿Comer? ¿A qué viene una pregunta tan tonta?
Sin embargo, no es una pregunta tonta. Una pregunta así puede hacer explotar el mundo. Cuando mucha gente se la hace al mismo tiempo, estalla una revolución. Pero ¿cómo explicárselo a esta chica? A muchachas como ésta, más vale evitarles las explicaciones, no vaya a ser que después les duela la cabeza.»Este texto lo escribió Ryszard Kapuscinski en 1962 y pertenece a su primer libro “La jungla polaca”, editado recientemente en España. Han pasado 46 años y ahora, en los tiempos en que vivimos, está más de actualidad que quizá en aquella época.
La puta crisis que sufrimos nos tiene cogidos por los huevos y a mucha gente se los está apretando tanto que el dolor se les está volviendo insoportable. Si los gobiernos y todos los llamados agentes sociales en general no hacen algo positivo pronto, mucha, muchísima gente, empezará a preguntarse qué hacer para saciar su hambre y entonces puede que se monte una bien gorda. No es ninguna tontería preguntar ¿qué hay hoy para comer?
-Sueño con comprarme unos zapatos italianos, de tacón de aguja, de esos que valen mil cuatrocientos zlotys, y con tener una gran habitación donde cupiera una alfombra enorme mullida.
-¿Y no sueñas con comer?
-¿Comer? ¿A qué viene una pregunta tan tonta?
Sin embargo, no es una pregunta tonta. Una pregunta así puede hacer explotar el mundo. Cuando mucha gente se la hace al mismo tiempo, estalla una revolución. Pero ¿cómo explicárselo a esta chica? A muchachas como ésta, más vale evitarles las explicaciones, no vaya a ser que después les duela la cabeza.»Este texto lo escribió Ryszard Kapuscinski en 1962 y pertenece a su primer libro “La jungla polaca”, editado recientemente en España. Han pasado 46 años y ahora, en los tiempos en que vivimos, está más de actualidad que quizá en aquella época.
La puta crisis que sufrimos nos tiene cogidos por los huevos y a mucha gente se los está apretando tanto que el dolor se les está volviendo insoportable. Si los gobiernos y todos los llamados agentes sociales en general no hacen algo positivo pronto, mucha, muchísima gente, empezará a preguntarse qué hacer para saciar su hambre y entonces puede que se monte una bien gorda. No es ninguna tontería preguntar ¿qué hay hoy para comer?
30/1/09
EL ENTIERRO DE OVANDO GUERRA
Querido Corpi:
Esta noche, paseando por el cementerio, he pasado por delante del nicho de Ovando Guerra y me he acordado de su entierro, un hecho ocurrido hace muchísimo tiempo y que fue muy comentado entre el vecindario. Te cuento:
Desde el mismo momento de su nacimiento, se le auguró al bueno de Ovando una existencia problemática. Durante el embarazo de su madre se pensaba que ésta llevaba trillizos por la enormidad de la barriga que lucía la señora, pero en el momento del parto se comprobó que estaban equivocados. Cuando la matrona tiró de la cabeza del neonato empezó a salir niño, tanto que no se acababa nunca: 99 cm. midió al nacer. Te podrás imaginar el alivio de sus padres por una parte, pues sólo era uno, y la sorpresa por otra, pues casi estaba preparado para ir a la escuela. Como comprenderás, esto le acarrearía muchos problemas a lo largo y alto de su vida, pero con tesón y buen ánimo los fue superando, hasta se casó y todo con una buena mujer que lo quiso mucho, pero que no consiguió darle ningún hijo; las malas lenguas dicen que tenía miedo a que le saliera una jirafa y hacía lo imposible por quedarse embarazada.
Ovando Guerra, desde su altura de bastante más de dos metros, veía el mundo desde otra perspectiva y aguantaba las bromas y risas de los demás con los que se reía a su costa sin darle mucha importancia, ¿qué podía hacer? Hasta que por fin, dios nuestro señor lo llamó a su lado y su alma voló hacia el cielo recorriendo menos distancia que la nuestra, por razones obvias.
Sus cuñados, respetando el dolor de su hermana viuda, se encargaron de comprar el ataúd, pero cuando metieron el cuerpo dentro de la caja, se dieron cuenta de que éste no cabía, y eso que habían comprado el más largo. Entonces decidieron, con gran dolor de todos, serrar la parte de los pies de la caja; así fue como metieron dentro el cadáver del difunto, con los pies por delante que le sobresalían fuera del ataúd.
Después del funeral lo trajeron al cementerio para darle sepultura en un flamante nicho nuevo que había adquirido la familia para la ocasión. Pero cuando metieron el féretro dentro del agujero, los pies sobresalían del receptáculo y no lo podían encerrar. Entonces se organizó un debate sobre qué hacer para meter el largo cuerpo del difunto en el estrecho agujero. Después de sopesar todas las posibilidades, decidieron abrir la tapa y flexionarle las rodillas. Y así lo hicieron tras un largo esfuerzo, pues las piernas ya estaban rígidas por el rigor mortis; pero resultó que no podían cerrar la tapa; entonces decidieron meterlo sin tapa, pero por algún extraño fenómeno, cuando lo metieron en el nicho, las rodillas se flexionaron aún más y tropezaban con el techo y no lo podían meter. Entonces un cuñado dijo: “¿por qué no le cortamos los pies? Total ya no los va a utilizar más.” Esto lo dijo porque se había quedado prendado de los lustrosos zapatos del difunto y quería agenciárselos para vestirse los domingos. Aquello provocó un enconado debate que se resolvió con la decisión de romperle el cuello y así flexionarle la cabeza contra la parte posterior de la caja y ver si conseguían ganar los suficientes centímetros para meterlo dentro. Y así lo hicieron. El encargado fue otro cuñado, uno que le tenía envidia porque durante la vida le había ido mejor que a él. Éste le cogió la cabeza, y con descarado deleite, se la dobló con fuerza hasta que se oyó un crujido que resonó entre las tapias del camposanto. La pobre viuda rompió a llorar cuando oyó aquel terrible chasquido. De nuevo metieron al difunto dentro del ataúd y a éste en el nicho, pero los pies del gigante continuaban sobresaliendo del hueco. Otra vez se encendió el debate sobre qué hacer para enterrar al difunto. El enterrador apremiaba a la familia para que tomara una decisión rápidamente porque estaba oscureciendo y no había ninguna luz en el cementerio. Unos, instigados por un cuñado, abogaban por cortarle la cabeza, porque total, ya le habían roto el cuello. Otros, sin embargo, instigados por el otro cuñado, respaldaban la idea de cortarle los pies, porque era más humano que cortarle la cabeza. Como no se ponían de acuerdo y las tinieblas se iban aposentando entre las paredes del cementerio, decidieron coger unos de la cabeza del cadáver y los otros de los pies, y tirar para ver qué parte se desprendía más pronto. Y así lo hicieron: unos agarrados bien fuerte de la cabeza y los otros de los pies; y cuando la viuda contó hasta tres, empezaron todos a tirar con todas sus fuerzas. Los que tiraban de los pies se quejaron porque el enterrador, al que nadie había llamado en ese entierro, se unió a los que tiraban de la cabeza, mientras estos se quejaban de que la viuda se hubiera unido al grupo de los que tiraban de los pies. Al cabo de un buen rato, con los cuerpos jadeantes y empapados en sudor y con la noche instalada en el cementerio, abandonaron el cadáver en el suelo y se fueron discutiendo sobre la idoneidad de haberle arrancado la cabeza o los pies. Al día siguiente, cuando regresaron para enterrarle, le faltaban, al aterido cuerpo, los lustrosos zapatos.
Esta noche, paseando por el cementerio, he pasado por delante del nicho de Ovando Guerra y me he acordado de su entierro, un hecho ocurrido hace muchísimo tiempo y que fue muy comentado entre el vecindario. Te cuento:
Desde el mismo momento de su nacimiento, se le auguró al bueno de Ovando una existencia problemática. Durante el embarazo de su madre se pensaba que ésta llevaba trillizos por la enormidad de la barriga que lucía la señora, pero en el momento del parto se comprobó que estaban equivocados. Cuando la matrona tiró de la cabeza del neonato empezó a salir niño, tanto que no se acababa nunca: 99 cm. midió al nacer. Te podrás imaginar el alivio de sus padres por una parte, pues sólo era uno, y la sorpresa por otra, pues casi estaba preparado para ir a la escuela. Como comprenderás, esto le acarrearía muchos problemas a lo largo y alto de su vida, pero con tesón y buen ánimo los fue superando, hasta se casó y todo con una buena mujer que lo quiso mucho, pero que no consiguió darle ningún hijo; las malas lenguas dicen que tenía miedo a que le saliera una jirafa y hacía lo imposible por quedarse embarazada.
Ovando Guerra, desde su altura de bastante más de dos metros, veía el mundo desde otra perspectiva y aguantaba las bromas y risas de los demás con los que se reía a su costa sin darle mucha importancia, ¿qué podía hacer? Hasta que por fin, dios nuestro señor lo llamó a su lado y su alma voló hacia el cielo recorriendo menos distancia que la nuestra, por razones obvias.
Sus cuñados, respetando el dolor de su hermana viuda, se encargaron de comprar el ataúd, pero cuando metieron el cuerpo dentro de la caja, se dieron cuenta de que éste no cabía, y eso que habían comprado el más largo. Entonces decidieron, con gran dolor de todos, serrar la parte de los pies de la caja; así fue como metieron dentro el cadáver del difunto, con los pies por delante que le sobresalían fuera del ataúd.
Después del funeral lo trajeron al cementerio para darle sepultura en un flamante nicho nuevo que había adquirido la familia para la ocasión. Pero cuando metieron el féretro dentro del agujero, los pies sobresalían del receptáculo y no lo podían encerrar. Entonces se organizó un debate sobre qué hacer para meter el largo cuerpo del difunto en el estrecho agujero. Después de sopesar todas las posibilidades, decidieron abrir la tapa y flexionarle las rodillas. Y así lo hicieron tras un largo esfuerzo, pues las piernas ya estaban rígidas por el rigor mortis; pero resultó que no podían cerrar la tapa; entonces decidieron meterlo sin tapa, pero por algún extraño fenómeno, cuando lo metieron en el nicho, las rodillas se flexionaron aún más y tropezaban con el techo y no lo podían meter. Entonces un cuñado dijo: “¿por qué no le cortamos los pies? Total ya no los va a utilizar más.” Esto lo dijo porque se había quedado prendado de los lustrosos zapatos del difunto y quería agenciárselos para vestirse los domingos. Aquello provocó un enconado debate que se resolvió con la decisión de romperle el cuello y así flexionarle la cabeza contra la parte posterior de la caja y ver si conseguían ganar los suficientes centímetros para meterlo dentro. Y así lo hicieron. El encargado fue otro cuñado, uno que le tenía envidia porque durante la vida le había ido mejor que a él. Éste le cogió la cabeza, y con descarado deleite, se la dobló con fuerza hasta que se oyó un crujido que resonó entre las tapias del camposanto. La pobre viuda rompió a llorar cuando oyó aquel terrible chasquido. De nuevo metieron al difunto dentro del ataúd y a éste en el nicho, pero los pies del gigante continuaban sobresaliendo del hueco. Otra vez se encendió el debate sobre qué hacer para enterrar al difunto. El enterrador apremiaba a la familia para que tomara una decisión rápidamente porque estaba oscureciendo y no había ninguna luz en el cementerio. Unos, instigados por un cuñado, abogaban por cortarle la cabeza, porque total, ya le habían roto el cuello. Otros, sin embargo, instigados por el otro cuñado, respaldaban la idea de cortarle los pies, porque era más humano que cortarle la cabeza. Como no se ponían de acuerdo y las tinieblas se iban aposentando entre las paredes del cementerio, decidieron coger unos de la cabeza del cadáver y los otros de los pies, y tirar para ver qué parte se desprendía más pronto. Y así lo hicieron: unos agarrados bien fuerte de la cabeza y los otros de los pies; y cuando la viuda contó hasta tres, empezaron todos a tirar con todas sus fuerzas. Los que tiraban de los pies se quejaron porque el enterrador, al que nadie había llamado en ese entierro, se unió a los que tiraban de la cabeza, mientras estos se quejaban de que la viuda se hubiera unido al grupo de los que tiraban de los pies. Al cabo de un buen rato, con los cuerpos jadeantes y empapados en sudor y con la noche instalada en el cementerio, abandonaron el cadáver en el suelo y se fueron discutiendo sobre la idoneidad de haberle arrancado la cabeza o los pies. Al día siguiente, cuando regresaron para enterrarle, le faltaban, al aterido cuerpo, los lustrosos zapatos.
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