En un sistema democrático está extendida la idea de que todas las opiniones son respetables. La libertad de expresión que ampara toda constitución democrática no otorga a quién la ejerce el derecho a opinar y a decir lo que le venga en gana. Evidentemente no se puede insultar, ni denigrar, ni injuriar a una persona. Pero y opinar ¿Se puede opinar de cualquier cosa libremente sin más? ¿Tenemos que respetar por cojones todas las opiniones, nos gusten o no?
Yo opino que no, por muy respetable que sea el derecho a opinar no puedo respetar cierto tipo de opiniones. Por ejemplo no respeto que se me diga que todo fin justifica los medios, por tanto que el terrorismo es un medio legítimo para alcanzar algo, quien opina así es un ser despreciable que no me merece el mínimo respeto. Tampoco puedo respetar a quien opina que las mujeres están para servir a los hombres y que por tanto se puede hacer con ellas lo que se quiera. Pues no, lo siento, este tipo de opiniones, que abundan, y mucho, no son en absoluto respetables.
Toda afirmación hecha sin pruebas, puede ser rebatida por una negación sin pruebas. (Euclides de Alejandría)
19/7/07
17/7/07
EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

TÍTULO ORIGINAL: THE BOY IN THE STRIPED PYJAMAS
AUTOR: JOHN BOYNE
EDITORIAL: SALAMANDRA
Nº DE PÁGINAS: 217
PRECIO: 12.50 €
GÉNERO: NOVELA
ARGUMENTO: En la contraportada del libro normalmente se hace un pequeño resumen del libro a modo de argumento, sin embargo en este libro esto no ocurre. El editor, con buen criterio, creo yo, explica las razones por las cuales no conviene desvelar el contenido del libro. Solamente dice, y cito textualmente: “si decides embarcarte en la aventura (de leer el libro), debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una”
OPINIÓN PERSONAL: Tiene razón el editor cuando no desvela nada del libro en la contraportada. La historia va dando una serie de sorpresas que te dejan alucinado cuando se revelan. El libro es de una ternura y una crudeza escalofriantes. Continuamente pasas de la sonrisa inocente a una indignación sofocante.
A este libro le va a pasar como a “La Sombra del Viento”, va a funcionar con el boca-oreja y con el tiempo se va a convertir en todo un clásico, para el bien de todos. Muy recomendable sobre todo para adolescentes.
La lectura es muy fácil, el lenguaje sencillo y los diálogos amenos. Yo me lo he leído en un solo día porque te engancha desde la primera página. Todo un descubrimiento.
11/7/07
EL INFIERNO PUEDE ESPERAR
Al hilo de algunos comentarios que se han hecho en la entrada anterior, publico un cuento que escribí hace ya algunos años. Espero que les guste.
Cuando abrió los ojos y la vio allí sentada al pie de la cama no se asustó, ni siquiera se extrañó, la estaba esperando desde hacía algún tiempo, y ya pensaba que se había olvidado de él. Era tal y como se la había imaginado, o más bien, como la había visto en mil y un grabados, tanto antiguos como modernos. En ese momento pensó si su aspecto era ese porque sí, o si los hombres la habían pintado así por representarla de alguna manera y ella había adoptado esa apariencia porque los hombres así lo habían decidido. Llevaba un hábito negro, casi gris por el paso del tiempo, viejo y roído. La capucha era muy grande y desde donde él estaba no conseguía verle la cara. Tampoco podía verle las manos, pues las mangas eran muy largas y anchas y ocultaban todo el brazo, aunque no cabían dudas de que era ella, pues con la mano derecha sujetaba una guadaña cuyo filo resplandecía por el reflejo de la luz de la pequeña lámpara de la mesita.
Estaba tranquilo. No tenía miedo, sólo cuando ella lo miró y consiguió verle el rostro, le recorrió un escalofrío desde la cabeza hasta los pies que le erizó el pelo de allí por donde pasaba. Las cuencas de los ojos eran como un agujero negro que no tiene principio ni fin, y le absorbían con su mirada queriéndoselo tragar allí mismo. La sonrisa eterna parecía que le estuviese pidiendo disculpas por lo que iba a suceder y la falta de uno de sus dientes le daba un aspecto tan tragicómico que estuvo a punto de provocarle una carcajada, pero se contuvo, en estos momentos tan serios no podía perder la compostura...
No sabía bien por qué, en ese instante cambió de parecer. Se le esfumaron las ganas de irse y decidió esperar un poco más, bastante más, aquel ser le había causado una mala impresión, mirándolo bien, incluso repugnancia, no le resultaba grata la compañía y no sería buen acompañante en tan largo viaje. Por tanto era mejor quedarse: cuanto más tiempo mejor.
- ¿Estás preparado? –le dijo el extraño personaje.
- Lo estaba, pero me lo he pensado mejor –respondió.
- Ja, ja, ja. Tienes miedo, todos lo tienen, es normal, no te preocupes.
- ¿Miedo? No, simplemente no tengo prisa.
- Pero yo sí y no puedo perder el tiempo, tengo mucho trabajo.
La voz del extraño sonaba hueca y retumbaba en sus oídos como si se encontrara en el interior de una gruta, y lo más curioso era que la voz procedía de todos los puntos de la habitación y de ninguno en concreto. Lo cierto era que no movía la boca para hablar.
- ¿De dónde vienes?- Tenía clara la estrategia. Debía prolongar al máximo la estancia de aquel ser en su habitación hasta conseguir que se desesperara. El tiempo en esos momentos corría a su favor y por lo tanto debía aprovecharlo.
- Qué más da. De muchos lugares a la vez.
- ¿Puedes estar en más de un lugar al mismo tiempo? ¿Tienes el don de la ubicuidad?
- La lista ya está hecha, yo sólo tengo que seguirla. A veces hay más de uno en el mismo renglón y me tengo que multiplicar –contestó con desgana.
- Pero si en vez de dos por ejemplo hay mil...
- Pues entonces me multiplico por mil. ¡Vámonos!
Lo estaba consiguiendo, sabía que se estaba desesperando. Había elegido el buen camino y debía perseverar y seguirlo.
- No te pongas así, gracias a mí, mucha gente va a tener un ratito más. Incluso por ese pequeño instante más de alguien importante, podría cambiar la historia.
- La historia ya está escrita, ni siquiera una hora o un día más conseguirían cambiarla. Los acontecimientos se suceden según un orden lógico establecido de antemano. El que quiera salirse de él está condenado a morir en vida.
La voz sonó serena, suave, casi resignada. De repente se levantó. El colchón de la cama no recuperó su forma anterior, sencillamente porque aquel ser, al sentarse, no lo había deformado. Su altura era prominente, mediría más de dos metros, y la capucha rozaba el techo de la habitación. La guadaña la llevaba inclinada como si estuviese presentado armas al mismísimo diablo.
- ¿Ese orden lógico lo establece Dios?
- Dios no existe.
- Cómo que no existe, entonces tú para quien trabajas ¿Para el diablo acaso? –Al decir esto se estremeció y vio como le clavaba las cuencas vacías en sus ojos. Por el diente mellado expulsó un aire viciado que olía a putrefacción al mismo tiempo que el hábito que lo cubría se encogía.
- ¡Tenemos que irnos, tengo mucha prisa!
- ¡Yo no voy, me quedo! –Se quedó impresionado por el arrojo y el aplomo que había tenido al pronunciar esa frase. “Alea jacta est” pensó.
- Ja, ja, ja... Te he dicho que alterar la lista te puede acarrear consecuencias muy graves.
- Es igual me arriesgaré –contestó.
- Muy bien, tú mismo. Ahora tengo que irme. Cuando quieras algo: llámame.
- Puedes irte tranquila, espero tardar mucho en volverte a ver. –El corazón le latía con fuerza y se le cortaba la respiración. Lo estaba consiguiendo. Sí, se iba a ir sin él.
- Hasta pronto.
- Hasta muy tarde, ja, ja, ja... Por cierto, ¿dónde vas ahora?
- No creo que quieras saberlo.
- Por favor, es simple curiosidad. –Insistió.
- Voy a recoger a dos jóvenes que han tenido un accidente de tráfico. Iban a excesiva velocidad y se han salido en una curva.
- Pobrecitos. No se debe correr con el coche, es muy peligroso. –Dijo con cierta jovialidad. Estaba eufórico.
- Iban tan deprisa porque les habían llamado por teléfono diciéndoles que su padre estaba a punto de morir, aunque al final su padre se ha salvado.
- Qué lástima. Total por una falsa alarma. –Dijo con cierto cinismo.
- Eran tus dos hijos que venían a verte... –Y desapareció.
Cuando abrió los ojos y la vio allí sentada al pie de la cama no se asustó, ni siquiera se extrañó, la estaba esperando desde hacía algún tiempo, y ya pensaba que se había olvidado de él. Era tal y como se la había imaginado, o más bien, como la había visto en mil y un grabados, tanto antiguos como modernos. En ese momento pensó si su aspecto era ese porque sí, o si los hombres la habían pintado así por representarla de alguna manera y ella había adoptado esa apariencia porque los hombres así lo habían decidido. Llevaba un hábito negro, casi gris por el paso del tiempo, viejo y roído. La capucha era muy grande y desde donde él estaba no conseguía verle la cara. Tampoco podía verle las manos, pues las mangas eran muy largas y anchas y ocultaban todo el brazo, aunque no cabían dudas de que era ella, pues con la mano derecha sujetaba una guadaña cuyo filo resplandecía por el reflejo de la luz de la pequeña lámpara de la mesita.
Estaba tranquilo. No tenía miedo, sólo cuando ella lo miró y consiguió verle el rostro, le recorrió un escalofrío desde la cabeza hasta los pies que le erizó el pelo de allí por donde pasaba. Las cuencas de los ojos eran como un agujero negro que no tiene principio ni fin, y le absorbían con su mirada queriéndoselo tragar allí mismo. La sonrisa eterna parecía que le estuviese pidiendo disculpas por lo que iba a suceder y la falta de uno de sus dientes le daba un aspecto tan tragicómico que estuvo a punto de provocarle una carcajada, pero se contuvo, en estos momentos tan serios no podía perder la compostura...
No sabía bien por qué, en ese instante cambió de parecer. Se le esfumaron las ganas de irse y decidió esperar un poco más, bastante más, aquel ser le había causado una mala impresión, mirándolo bien, incluso repugnancia, no le resultaba grata la compañía y no sería buen acompañante en tan largo viaje. Por tanto era mejor quedarse: cuanto más tiempo mejor.
- ¿Estás preparado? –le dijo el extraño personaje.
- Lo estaba, pero me lo he pensado mejor –respondió.
- Ja, ja, ja. Tienes miedo, todos lo tienen, es normal, no te preocupes.
- ¿Miedo? No, simplemente no tengo prisa.
- Pero yo sí y no puedo perder el tiempo, tengo mucho trabajo.
La voz del extraño sonaba hueca y retumbaba en sus oídos como si se encontrara en el interior de una gruta, y lo más curioso era que la voz procedía de todos los puntos de la habitación y de ninguno en concreto. Lo cierto era que no movía la boca para hablar.
- ¿De dónde vienes?- Tenía clara la estrategia. Debía prolongar al máximo la estancia de aquel ser en su habitación hasta conseguir que se desesperara. El tiempo en esos momentos corría a su favor y por lo tanto debía aprovecharlo.
- Qué más da. De muchos lugares a la vez.
- ¿Puedes estar en más de un lugar al mismo tiempo? ¿Tienes el don de la ubicuidad?
- La lista ya está hecha, yo sólo tengo que seguirla. A veces hay más de uno en el mismo renglón y me tengo que multiplicar –contestó con desgana.
- Pero si en vez de dos por ejemplo hay mil...
- Pues entonces me multiplico por mil. ¡Vámonos!
Lo estaba consiguiendo, sabía que se estaba desesperando. Había elegido el buen camino y debía perseverar y seguirlo.
- No te pongas así, gracias a mí, mucha gente va a tener un ratito más. Incluso por ese pequeño instante más de alguien importante, podría cambiar la historia.
- La historia ya está escrita, ni siquiera una hora o un día más conseguirían cambiarla. Los acontecimientos se suceden según un orden lógico establecido de antemano. El que quiera salirse de él está condenado a morir en vida.
La voz sonó serena, suave, casi resignada. De repente se levantó. El colchón de la cama no recuperó su forma anterior, sencillamente porque aquel ser, al sentarse, no lo había deformado. Su altura era prominente, mediría más de dos metros, y la capucha rozaba el techo de la habitación. La guadaña la llevaba inclinada como si estuviese presentado armas al mismísimo diablo.
- ¿Ese orden lógico lo establece Dios?
- Dios no existe.
- Cómo que no existe, entonces tú para quien trabajas ¿Para el diablo acaso? –Al decir esto se estremeció y vio como le clavaba las cuencas vacías en sus ojos. Por el diente mellado expulsó un aire viciado que olía a putrefacción al mismo tiempo que el hábito que lo cubría se encogía.
- ¡Tenemos que irnos, tengo mucha prisa!
- ¡Yo no voy, me quedo! –Se quedó impresionado por el arrojo y el aplomo que había tenido al pronunciar esa frase. “Alea jacta est” pensó.
- Ja, ja, ja... Te he dicho que alterar la lista te puede acarrear consecuencias muy graves.
- Es igual me arriesgaré –contestó.
- Muy bien, tú mismo. Ahora tengo que irme. Cuando quieras algo: llámame.
- Puedes irte tranquila, espero tardar mucho en volverte a ver. –El corazón le latía con fuerza y se le cortaba la respiración. Lo estaba consiguiendo. Sí, se iba a ir sin él.
- Hasta pronto.
- Hasta muy tarde, ja, ja, ja... Por cierto, ¿dónde vas ahora?
- No creo que quieras saberlo.
- Por favor, es simple curiosidad. –Insistió.
- Voy a recoger a dos jóvenes que han tenido un accidente de tráfico. Iban a excesiva velocidad y se han salido en una curva.
- Pobrecitos. No se debe correr con el coche, es muy peligroso. –Dijo con cierta jovialidad. Estaba eufórico.
- Iban tan deprisa porque les habían llamado por teléfono diciéndoles que su padre estaba a punto de morir, aunque al final su padre se ha salvado.
- Qué lástima. Total por una falsa alarma. –Dijo con cierto cinismo.
- Eran tus dos hijos que venían a verte... –Y desapareció.
7/7/07
HISTORIA DE LA P. MISERIA
La P. Miseria vivía en una casa medio derruida y apartada en la más absoluta miseria. Era vieja y decrépita y su carácter huraño la había convertido en una persona desagradable. Delante de su casa había una gran higuera que le proporcionaba alimento prácticamente todo el año. Así y todo, muchas veces acudían los muchachos de alrededor a robarle los higos, lo que cabreaba mucho a la P. Miseria.
Una noche de tormenta que llovía a cántaros, llamaron a la puerta. La P. Miseria abrió y apareció una bella mujer vestida de negro y totalmente empapada. La P. Miseria se apiadó de ella y la invitó a pasar. Le secó la ropa en el fuego y le dio para comer un trozo de pan duro y unos higos secos. Después le preparó una cama con una sábana y un montón de hojas secas. Al día siguiente la mujer de negro le dijo a la P. Miseria que era la Muerte y que había venido a llevársela. La P. Miseria le pidió que por favor la dejara vivir un poco más, que aunque no tenía nada, le tenía mucho aprecio a la vida. La Muerte, como la había acogido tan bien en su casa sobre ser tan pobre, se apiadó de ella y le dijo que le daría tres años más de vida, tras los cuales vendría a por ella. La P. Miseria antes de que la Muerte se fuera le pidió otro favor: que encantara la higuera para que todo aquél que subiese no pudiera bajar hasta que no lo dijera ella. La Muerte se lo concedió y se fue. A partir de ese momento todos los niños que subían a robar higos se quedaban pegados a las ramas de la higuera y no podían bajar hasta que no lo dijera la P. Miseria. Poco a poco dejaron de ir a robar higos y la P. Miseria se quedó sola.
Transcurrieron los tres años y la Muerte volvió para llevarse a la P. Miseria. La P. Miseria le pidió un último favor antes de irse con ella; que le cogiera unos cuantos higos de esa higuera que la había estado alimentando durante tanto tiempo y a la que tanto quería. La Muerte subió a la higuera, pero como no se acordaba del encantamiento que hizo hacía tanto tiempo, se quedó pegada a una rama. Le rogó a la P. Miseria que la bajara de allí, pero la P. Miseria le dijo que si quería que la bajara, no tenía que volver nunca más a por ella. La Muerte no tuvo más remedio que aceptar y se fue. Después de esto la P. Miseria abandonó la casa y se fue a recorrer el mundo dejando su huella allí por donde pasaba.
Una noche de tormenta que llovía a cántaros, llamaron a la puerta. La P. Miseria abrió y apareció una bella mujer vestida de negro y totalmente empapada. La P. Miseria se apiadó de ella y la invitó a pasar. Le secó la ropa en el fuego y le dio para comer un trozo de pan duro y unos higos secos. Después le preparó una cama con una sábana y un montón de hojas secas. Al día siguiente la mujer de negro le dijo a la P. Miseria que era la Muerte y que había venido a llevársela. La P. Miseria le pidió que por favor la dejara vivir un poco más, que aunque no tenía nada, le tenía mucho aprecio a la vida. La Muerte, como la había acogido tan bien en su casa sobre ser tan pobre, se apiadó de ella y le dijo que le daría tres años más de vida, tras los cuales vendría a por ella. La P. Miseria antes de que la Muerte se fuera le pidió otro favor: que encantara la higuera para que todo aquél que subiese no pudiera bajar hasta que no lo dijera ella. La Muerte se lo concedió y se fue. A partir de ese momento todos los niños que subían a robar higos se quedaban pegados a las ramas de la higuera y no podían bajar hasta que no lo dijera la P. Miseria. Poco a poco dejaron de ir a robar higos y la P. Miseria se quedó sola.
Transcurrieron los tres años y la Muerte volvió para llevarse a la P. Miseria. La P. Miseria le pidió un último favor antes de irse con ella; que le cogiera unos cuantos higos de esa higuera que la había estado alimentando durante tanto tiempo y a la que tanto quería. La Muerte subió a la higuera, pero como no se acordaba del encantamiento que hizo hacía tanto tiempo, se quedó pegada a una rama. Le rogó a la P. Miseria que la bajara de allí, pero la P. Miseria le dijo que si quería que la bajara, no tenía que volver nunca más a por ella. La Muerte no tuvo más remedio que aceptar y se fue. Después de esto la P. Miseria abandonó la casa y se fue a recorrer el mundo dejando su huella allí por donde pasaba.
EL ALFARERO

Una vieja leyenda etíope dice:
Cuando Dios hizo al hombre, lo hizo de barro. Cuando ya tenía la forma, lo puso en el horno, pero como aún no controlaba bien la cocción del barro, se quemó la figura y salió un hombre negro. Bueno, dijo Dios, la próxima vez lo sacaré antes. Y así lo hizo, pero lo sacó demasiado pronto y salió el hombre blanco. Y por fin, tras un tercer intento sacó al hombre en su justo punto de cocción; y apareció el hombre etíope.
También en la Biblia se dice que Dios hizo al hombre de barro, y que para hacer a la mujer le sacó una costilla al hombre. Se ve que ya no había más barro en todo el paraíso.
Conclusión: Dios es un mal alfarero.
30/6/07
CAMPEONES MUNDIALES

Mira qué bien, ahora resulta que somos la Primera Potencia Mundial en consumo de cocaína. Bueno en algo teníamos que destacar, no íbamos a estar siempre a la sombra de Estados Unidos o de la Unión Europea. A tomar por culo, aquí es dónde mejor nos lo pasamos: “pasen y disfruten”.
Mi opinión personal sobre este tema la voy a basar en mi propia experiencia. Para mí, que seamos el mayor consumidor de cocaína en el mundo se debe principalmente a la manera de divertirnos que tenemos los españoles y sobre todo al ámbito nocturno de nuestra diversión.
Yo recuerdo que en los años en que empezaba a salir, hará unos 23 ó 24 años, la gente salía de casa a las diez o las once de la noche, ya cenados la mayoría, y como muy tarde a las cinco de la madrugada ya estaba todo el mundo en la cama, a excepción de cuatro despetorrados, siempre los mismos y que así han acabado, que llegaban más tarde. Con la apertura de la Ruta del Bacalao las cosas empezaron a cambiar. La gente salía más o menos a las mismas horas pero el regreso empezó a alargarse y los que iban presumían de que había marcha hasta las ocho y las nueve de la mañana del domingo, incluso corrió la leyenda urbana de que mucha gente salía de casa el viernes por la noche y no regresaba hasta el domingo por la tarde, pero esto no era más que una leyenda urbana, salvo alguna excepción, que lo puede usted verificar en el cementerio. ¿Claro, cómo se podía aguantar esta marcha frenética y duradera en el tiempo? Pues artificialmente, naturalmente. A base de pastillas y coca, con algunos porros de por medio y mucho alcohol, que conserva, sino era imposible, no había cuerpo que lo aguantara un sábado detrás de otro. Recuerdo que un sábado por la noche me robaron el coche, lo estuve buscando por toda la contornada pero no lo encontré. El domingo por la mañana me fui a hacer la ruta del bacalao para ver si me lo habían robado para poder ir a esas discotecas y el espectáculo a las once de la mañana era alucinante: había miles de jóvenes haciendo botellón en los coches, las discotecas abiertas y una marcha increíble, como las caras de los participantes: ojerosos, sucios, despeinados, reventados, cansados, en fin, daban pena de ver. Pero es que era normal, cómo iban a estar después de toda una noche de marcha, drogas y alcohol, no iban a estar como para correr la maratón.
Hoy sigue pasando lo mismo, la ruta del bacalao se ha establecido en todas las zonas de “ocio” de nuestras ciudades. ¡Coño, pero si vas a tomarte una copa a las doce de la noche a un pub y estás tú y el camarero! En algunas discotecas entras gratis antes de las dos de la madrugada porque no va nadie, a ver si el que va ya se va tomando algo y hace gasto. Hay gente que sale de casa a las doce, ¡a qué hora va a regresar!
Además hoy está más barata que antes. Recuerdo una anécdota: estábamos en la puerta del pub donde solíamos acudir cuando sale uno echando demonios por la boca y maldiciendo: “cagontó he perdido 16.000 ptas” “¿ché, cómo que has perdido ese dinero?, dinos dónde y te ayudaremos a buscarlo”, “en el servicio” nos dice. Nosotros nos creímos que nos tomaba el pelo, cuando continúa: “resulta que estábamos preparando para hacernos una raya cuando entra uno en el váter de malos modos porque no había cerradura, con la puerta me da en el brazo y se me cae la papelina al suelo todo mojado, si por lo menos hubiera estado seco y limpio hubiéramos podido aprovechar algo, pero así, ¡16.000 pelas a tomar por culo!”Casi 100 € valía entonces. Hoy según he oído en la radio apenas cuesta 60 € un gramo, la diferencia es evidente.
P.d. Yo jamás la he probado, ni falta que me ha hecho. En algunas conversaciones con amigos sobre el tema lo digo, bien alto y bien orgulloso, y hay gente que no se lo cree, como si fuese obligatorio. Y a los que dicen que en esta vida hay que probar de todo, les digo que prueben a que les den por el culo, al fin y al cabo hay mucha gente a la que les gusta, y si se tercia hasta les doy yo para asegurarme de que la experiencia ha sido real, que fantasmas los hay hasta para drogarse.
25/6/07
UN POCO MÁS DE ENVIDIA
Como casi todos los sábados, también el pasado fui con mi hijo a la montaña, es una costumbre que llevamos practicando desde hace bastante tiempo. Esta vez fuimos al “Barranc dels Corbs” (Barranco de los Cuervos, el nombre en sí ya es sugerente). Ya habíamos estado una vez allí pero sólo recorrimos medio camino. Esta vez el objetivo era recorrerlo entero. Lo bueno que tiene esta zona es que mires hacia donde mires no se ve la huella del hombre moderno por ningún sitio, apenas algunos muros centenarios que demuestran la simbiosis de aquellas personas con el entorno natural que les rodeaba y que les exigía un gran esfuerzo para sacar provecho de lo que la naturaleza estaba dispuesta a dar. El barranco en sí no tiene ningún atractivo a priori; empieza en un suave valle que en dirección oeste recorre unos 200 metros donde gira hacia el norte en una pequeña quebrada para virar otra vez hacia el oeste. Al llegar a este punto la pendiente se hace más pronunciada y escabrosa por lo que hay que ir unos cuantos metros por arriba del barranco ya que éste está lleno de maleza y en muchos tramos es imposible seguir su lecho. Íbamos por un repecho de estos cuando oigo un ruido extraño y al mirar en la dirección de donde provenía el sonido vemos alucinados salir de un pino a un enorme búho real que planea hacia el norte hasta que se esconde detrás de un saliente de la montaña y le perdemos de vista. Pero es que al seguir el vuelo del gran duque, mis ojos se aperciben, mi conciencia no se dio cuenta, de que algo se movía por el fondo y al desaparecer el búho vuelvo la vista atrás y veo a un enorme jabalí corriendo montaña arriba. Enseguida le grité al niño “¡mira un jabalí!” y los dos nos quedamos extasiados viendo como corría monte arriba por en medio de la jara el formidable cerdo. Aún se me ponen los pelos de punta de recordarlo. No llegaría a un minuto el tiempo que lo pudimos seguir con la vista, ni siquiera perdí el tiempo en sacar los prismáticos, me hubiese perdido demasiado. ¡Y lo qué corría ese animal hacia arriba! Yo hubiese necesitado más de una hora en recorrer la misma distancia. Fue todo un espectáculo.
Al caminar un poco más vi un pequeño bosquecillo de pinos y le dije a mi hijo: “me apuesto una oreja a que el búho real está en esos pinos”. Bueno, al estilo Félix Rodríguez de la Fuente, o eso me imaginaba yo, fuimos agachados y en silencio hacia los pinos, cuando de pronto, vimos como aleteaba encaramado a una rama, otra vez erisipela por todo el cuerpo. Preparé la cámara para intentar sacar una buena foto, pero al acercarme un poco más salió volando, con tan mala fortuna que lo hizo en la dirección de los pinos que se interponían en mi campo de visión y cuando por fin lo vimos planear ya se encontraba demasiado lejos para fotografiarlo, pero bueno, lo seguimos hasta que se posó en unas rocas. Y hacia allí que fuimos hasta que finalmente volvió a volar y se metió en unos arbustos que ya fueron imposibles de alcanzar.
Ya sólo nos quedaba seguir el descenso del barranco. Y a medida que hacíamos vía hacia el oeste, las montañas se iban cerrando sobre nosotros hasta que formaron un pequeño cañón cada vez más complicado de pasar. Por el norte la montaña se elevaba a plomo sobre el barranco. Los estratos estaban casi verticales, lo que demuestra la fantástica fuerza telúrica con que la tierra modeló su superficie hace ya tantos millones de años, y que gracias a eso hoy podemos disfrutar de verdaderos espectáculos geológicos y naturales. Sólo hay que tener un poco de sensibilidad para apreciar esas maravillas y asombrarse de lo que la Madre Naturaleza ha puesto delante de nuestros ojos. Ese es mi objetivo al hacer las excursiones con mi hijo, que aprenda a maravillarse de las pequeñas cosas, que de las grandes ya se encargan de “vendérnoslas” te guste o no.
Por fin llegamos al final del barranco. Según pienso yo, en un principio la salida estaría obstruida por una pared de roca, y sólo la lluvia y la paciencia consiguieron a través de los siglos, desgastar la roca hasta abrir un paso al valle donde liberar las aguas que recogía el barranco. Todo un espectáculo.
Siento que mi capacidad descriptiva no llegue a más, pero espero haber conseguido el objetivo que me marqué cuando se me ocurrió contar esto, y no era más que daros un poco de envidia, sobre todo a los encarcelados urbanitas.
Al caminar un poco más vi un pequeño bosquecillo de pinos y le dije a mi hijo: “me apuesto una oreja a que el búho real está en esos pinos”. Bueno, al estilo Félix Rodríguez de la Fuente, o eso me imaginaba yo, fuimos agachados y en silencio hacia los pinos, cuando de pronto, vimos como aleteaba encaramado a una rama, otra vez erisipela por todo el cuerpo. Preparé la cámara para intentar sacar una buena foto, pero al acercarme un poco más salió volando, con tan mala fortuna que lo hizo en la dirección de los pinos que se interponían en mi campo de visión y cuando por fin lo vimos planear ya se encontraba demasiado lejos para fotografiarlo, pero bueno, lo seguimos hasta que se posó en unas rocas. Y hacia allí que fuimos hasta que finalmente volvió a volar y se metió en unos arbustos que ya fueron imposibles de alcanzar.
Ya sólo nos quedaba seguir el descenso del barranco. Y a medida que hacíamos vía hacia el oeste, las montañas se iban cerrando sobre nosotros hasta que formaron un pequeño cañón cada vez más complicado de pasar. Por el norte la montaña se elevaba a plomo sobre el barranco. Los estratos estaban casi verticales, lo que demuestra la fantástica fuerza telúrica con que la tierra modeló su superficie hace ya tantos millones de años, y que gracias a eso hoy podemos disfrutar de verdaderos espectáculos geológicos y naturales. Sólo hay que tener un poco de sensibilidad para apreciar esas maravillas y asombrarse de lo que la Madre Naturaleza ha puesto delante de nuestros ojos. Ese es mi objetivo al hacer las excursiones con mi hijo, que aprenda a maravillarse de las pequeñas cosas, que de las grandes ya se encargan de “vendérnoslas” te guste o no.
Por fin llegamos al final del barranco. Según pienso yo, en un principio la salida estaría obstruida por una pared de roca, y sólo la lluvia y la paciencia consiguieron a través de los siglos, desgastar la roca hasta abrir un paso al valle donde liberar las aguas que recogía el barranco. Todo un espectáculo.
Siento que mi capacidad descriptiva no llegue a más, pero espero haber conseguido el objetivo que me marqué cuando se me ocurrió contar esto, y no era más que daros un poco de envidia, sobre todo a los encarcelados urbanitas.
20/6/07
ENVIDIA
Pues sí señoras y señores, soy un envidioso. Y qué ¿acaso usted no lo es? No, pues yo sí ¡Qué pasa!
Envidio al que tiene más dinero que yo, y al que gana el doble y trabaja la mitad.
Envidio a las golondrinas porque pueden volar y yo sólo puedo dar saltitos. Envidio a e-catarsis y a Manuel Márquez entre otros muchos blogueros porque escriben mucho mejor que yo.
Envidio a la gente que se pasa la vida viajando mientras yo me quedo aquí currando y rascándome los huevos.
Envidio a los que son más guapos que yo y a los que tienen mejor coche. Envidio a los que saben mucho más que yo y a los que se leen un libro cada semana.
Envidio a las mujeres porque tienen lo que yo tanto deseo.
Envidio a las nubes porque siempre van por arriba.
Envidio a los árboles porque no se quejan nunca.
Envidio a los bomberos porque todos quieren serlo al menos una vez en su vida.
Envidio a los que han dejado su nombre marcado en la historia.
Envidio a los que han inventado algo útil para la humanidad.
Envidio a los que no se sienten unos inútiles.
Envidio a los jóvenes por tener ese preciado tesoro.
Envidio a los abuelos por ser tan comprensivos y a las madres por ser tan pacientes.
Envidio a los pobres porque no los envidia nadie.
Envidio a las mariposas por ser libres.
Envidio a los niños por ser tan ingenuos.
Envidio al agua porque cada vez más gente se pelea por poseerla.
Envidio al que no es envidioso…
Envidio al que tiene más dinero que yo, y al que gana el doble y trabaja la mitad.
Envidio a las golondrinas porque pueden volar y yo sólo puedo dar saltitos. Envidio a e-catarsis y a Manuel Márquez entre otros muchos blogueros porque escriben mucho mejor que yo.
Envidio a la gente que se pasa la vida viajando mientras yo me quedo aquí currando y rascándome los huevos.
Envidio a los que son más guapos que yo y a los que tienen mejor coche. Envidio a los que saben mucho más que yo y a los que se leen un libro cada semana.
Envidio a las mujeres porque tienen lo que yo tanto deseo.
Envidio a las nubes porque siempre van por arriba.
Envidio a los árboles porque no se quejan nunca.
Envidio a los bomberos porque todos quieren serlo al menos una vez en su vida.
Envidio a los que han dejado su nombre marcado en la historia.
Envidio a los que han inventado algo útil para la humanidad.
Envidio a los que no se sienten unos inútiles.
Envidio a los jóvenes por tener ese preciado tesoro.
Envidio a los abuelos por ser tan comprensivos y a las madres por ser tan pacientes.
Envidio a los pobres porque no los envidia nadie.
Envidio a las mariposas por ser libres.
Envidio a los niños por ser tan ingenuos.
Envidio al agua porque cada vez más gente se pelea por poseerla.
Envidio al que no es envidioso…
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