Llegan las vacaciones del trabajo (ya era hora, coño) y es hora de descansar. También del blog. Con el tiempo se me han ido agotando las ideas y es el momento de recargar las pilas para la temporada que viene.
A quien esté de vacaciones, que lo pase bien. Al que no, que lo intente llevar lo mejor posible.
Nos leemos en septiembre.
Toda afirmación hecha sin pruebas, puede ser rebatida por una negación sin pruebas. (Euclides de Alejandría)
15/8/07
10/8/07
¿SOMOS LIBRES?
Nunca he estado de acuerdo con la frase: TU LIBERTAD TERMINA DONDE EMPIEZA LA MIA.
Si hablamos de una libertad verdadera, ésta no debe tener principio ni fin. Si tuviera un principio éste sería el nacimiento del individuo y si tuviera un fin, sería su muerte. Por tanto la libertad es inherente al individuo, forma parte de él como la misma vida.
Entonces ¿qué delimitaría tu libertad y la mía, qué barrera existiría que no se pudiera traspasar? En un principio no debería existir ninguna, porque cualquier obstáculo que se interpusiera restringiría la libertad individual, pero el hacer “lo que a uno le dé la real gana” tampoco es la máxima expresión de la libertad. Por tanto deben existir una serie de normas que más que limitar la libertad, deben dirigirla hacia sí misma, hacia el centro del individuo, y estas normas vienen dictadas por la moral y la ética. El respeto hacia los demás es básico para una buena convivencia. Todo acto hacia otro individuo que suponga una restricción de su libertad se convierte en un delito, porque socava el principio básico de convivencia entre los individuos que es el de respeto absoluto a la libertad individual.
Vamos a considerar a la moral y a la ética como las únicas directrices de la libertad, pero, ¿estas normas morales y éticas son iguales en todo el mundo? Por ejemplo en la civilización occidental es moralmente aceptado que todos los hombres y las mujeres tengan los mismos derechos y obligaciones, en cambio en las sociedades islámicas los derechos de los hombres son distintos a los de las mujeres; si en estas sociedades esta distinción es moralmente aceptada ¿los hombres y las mujeres son igualmente libres? También en otras sociedades los derechos colectivos están por encima de los individuales ¿ven estos individuos restringida o sacrificada su libertad en favor de la colectividad?
El objetivo de cualquier gobierno actual, sea de la ideología o de la religión que sea y se encuentre en el país que quiera, es el de hacer creer al individuo que es libre. Pero debemos ser lo suficientemente inteligentes para darnos cuenta de que eso no es así. Debemos luchar con todas las armas que nos proporciona la misma libertad para lograr conseguir que ésta sea completa.
1/8/07
UNA DE MIERDA (CON PERDÓN)
Ya hace muchos días que no escribo nada, y no es porque no tenga ganas de escribir, sino porque no se me ocurre nada. Supongo que será por la calor que me seca las ideas o yo que sé. La verdad es que incluso se me había pasado por la seca cabeza la idea de mandarlo todo a tomar por saco porque muchas de las cosas que estoy publicando estos días las tengo escritas desde hace un tiempo, cuando me funcionaba mejor el cerebelo. Pero mira tú por dónde, esta mañana se me han ocurrido dos entraditas que podrían tener el mismo título y sin embargo no tienen nada que ver: una se me ha ocurrido al escuchar la COPE (y que Rafa Almazán me perdone), menudo locutor el que sustituye a Fedeguico, este casi es peor; y la otra, de la que voy a hablar aquí, me ha llegado un poco más tarde a la cabeza. En este punto tengo que advertir que la cosa va de guarrerías, así es que si usted, querido lector es un poco aprensivo o asquerosillo, mejor vuelva en otra ocasión.
Pues bien, la inspiración (literalmente) me ha venido cuando el tío Pepe “Cuquello” estaba removiendo un poco de tierra para enterrar una manguera para regar el jardín. Entonces mientras hacía el acto de inspirar aire han llegado a mi pituitaria una serie de partículas que le eran familiares a mi cerebro pero que no acababa de identificar. Y es que como es sabido, los olores son los primeros evocadores de situaciones pasadas a las que asociamos con ese olor. Identificar el olor y la niñez, claro, ha sido todo uno. Y cuál era el olor. Bueno pues no era ni más ni menos que, cómo diría yo, obra de cuerpo antigua o, mierda seca, vamos. Por lo visto, alguien quiso hacerle un regalito al algarrobo y le dejó algo que a él le sobraba y que al árbol le vendría muy bien para su desarrollo. Y lo que pasa en estos casos, que la naturaleza tiene su lógica, y aquel paquete formado por un 80% de agua y con los calores del verano, pronto se quedó reducido a un simple terrón de tierra negra, pero que guarda un arma secreta, su penetrante olor, que permanece agazapado como la perdiz, pero que si se la toca, ¡ah amigo! Y eso es lo que hoy a ocurrido, que se le ha molestado en su letargo desintegrador y ha provocado que me levantara, aspirara profundamente, cerrara los ojos y me fuese directamente unos casi treinta años atrás, justamente al lado de la portería sur del campo de fútbol de mi pueblo:
Éramos cinco o seis recostados en la pared de la caseta medio derruida de lo que pretendió ser unos vestuarios para los que jugaban al fútbol, mirando como en la otra portería había otros niños jugando a la pelota y pasándoselo bien mientras nosotros nos aburríamos como ostras, pensando qué podríamos hacer que no fuera jugar al fútbol, que hace calor y cansa mucho, cuando me vino a la pituitaria el mismo olor que hoy:
-Joder, vaya olor a mierda que hace –dije.
-Sí, ahí dentro hay una mierda de caballo –contesta uno.
Me levanto y veo una obra de cuerpo impresionante, ¿era posible que un niño hiciera aquello?, porque por allí sólo íbamos niños, eso sólo se podía haber hecho después de pasarse cuatro o cinco días sin haber soltado ni una burbuja de aire, nada, todo guardadito para sacarlo de una sola vez. Y allí la teníamos, como un presente que alguien generoso había depositado para sacarnos de nuestro estado de abatimiento.
-Eh, mirad qué maravilla.
Entraron todos.
-Joder, pesará un kilo.
-Esa es de ayer, ya está seca por encima.
-No, tendrá dos días.
-No, es de ayer, ahora verás como la capa de encima es pequeña –coge un palo y se lo inca levándolo a los ojos de los demás –ves que tierna está por dentro.
-Es verdad –asentimos.
-¿Queréis que la plastifiquemos? –digo.
-¿…?
- Sí hombre, prendemos un saco de plástico y le echamos las gotas que se producen cuando se derrite sobre la mierda y cuando se enfríe se queda plastificada y la podemos guardar mucho tiempo.
-Bien, pero será mejor sacarla fuera antes.
Dicho y hecho, mientras unos buscan unos sacos de plástico los otros le metemos con cuidado una maderita por debajo y la sacamos entera al campo de fútbol, al lado de la portería sur. Cuando llegan los de los sacos, nos repartimos uno cada uno y les prendemos fuego; entonces nos ponemos todos alrededor del trofeo y empezamos a dejarle caer encima las gotas ardientes de plástico derretido. Entre que la habíamos removido un poco y el calor de las gotas de plástico que la estaban asando, se elevaba un olor, como diría yo, NAUSEABUNDO, pero nada, allí estábamos aguantando hasta que se consumieron los plásticos. La verdad es que quedó muy bonita, estoy seguro que si eso lo hace una artista de renombre, le pagan una pasta y lo consideran una obra de arte: “Mierda de Tal plastificada a los cuatro puntos cardinales”, no te jode.
-Y ahora qué.
Bueno, por esta zona, yo no sé por qué, siempre hay quien lleva un petardo en el bolsillo.
-Y si…
-Pues claro, ya tardas.
El tío le clava el petardo y le prende fuego. Pero los niños son así, sino, no serían niños. ¿Y qué hacen los niños? Pues comprobar que todo sale bien. Lo normal en adultos hubiese sido que, uno, el más atrevido, o el más rápido le hubiese prendido fuego al petardo, mientras los otros a una distancia prudencial hubieran estado atentos a las operaciones del valiente pirotécnico para terminar en una risa y aplauso general. Pero la lógica de los niños es distinta, el niño actúa como el buen reportero, tiene que estar allí dónde se produce la noticia, no vale que te la cuenten; o sea, que si uno se agacha a prender fuego a la mecha del petardo, los demás se agachan a su alrededor para comprobar que efectivamente lo está haciendo bien, porque puede pasar que no lo haga bien, y siempre hay uno que tiene que decir que levante la mecha, otro que la sujete con el dedo, otro que clave un poco más el cohete, otro comprobar que huele bien… Pero eso no es todo, porque una vez ha prendido la mecha, hay que comprobar que no se va a apagar, y entonces, como una corriente telepática, les llega la orden a todos los pequeños cerebros que el proceso de ignición está iniciado correctamente y que la cuenta atrás está a punto de concluir, lo que significa que el momento de la detonación está muy cerca. Entonces las piernas de todos se disparan como unos muelles hacia arriba para salir como alma que lleva el diabooooooommmmmmm.
…
Demasiado tarde, o demasiado pronto. Demasiado tarde hemos salido de allí y demasiado pronto ha explotado el petardo. Afortunadamente, como éramos muchos, salimos a menos cada uno. El que más suerte tuvo fue el que se levantó primero, el traidor, y le llegó todo por la espalda, pero a los demás, desde la cara hasta los pies, ¡llenos de mierda recalentada! Primera reacción: intentar quitárnosla de encima; craso error, porque lo único que conseguíamos era extenderla más por la cara, los brazos, las piernas, la ropa… Del otro lado del campo de fútbol oímos a los otros niños quejarse del olor a mierda que hacía. El olor llegó incluso al pueblo que se encuentra a unos doscientos metros. Pero allí llegó poco. Poco porque el mucho lo teníamos nosotros encima. Qué remedio, nos fuimos corriendo y maldiciendo a un pequeño arroyo que pasa cerca y nos limpiamos como pudimos. No recuero qué me diría mi madre cuando llegué a casa, tampoco importa. Lo que sí que me gustaría saber es quien fue el valiente que hizo aquella Obra Monumental, me hubiese gustado darle la enhorabuena.
Pues bien, la inspiración (literalmente) me ha venido cuando el tío Pepe “Cuquello” estaba removiendo un poco de tierra para enterrar una manguera para regar el jardín. Entonces mientras hacía el acto de inspirar aire han llegado a mi pituitaria una serie de partículas que le eran familiares a mi cerebro pero que no acababa de identificar. Y es que como es sabido, los olores son los primeros evocadores de situaciones pasadas a las que asociamos con ese olor. Identificar el olor y la niñez, claro, ha sido todo uno. Y cuál era el olor. Bueno pues no era ni más ni menos que, cómo diría yo, obra de cuerpo antigua o, mierda seca, vamos. Por lo visto, alguien quiso hacerle un regalito al algarrobo y le dejó algo que a él le sobraba y que al árbol le vendría muy bien para su desarrollo. Y lo que pasa en estos casos, que la naturaleza tiene su lógica, y aquel paquete formado por un 80% de agua y con los calores del verano, pronto se quedó reducido a un simple terrón de tierra negra, pero que guarda un arma secreta, su penetrante olor, que permanece agazapado como la perdiz, pero que si se la toca, ¡ah amigo! Y eso es lo que hoy a ocurrido, que se le ha molestado en su letargo desintegrador y ha provocado que me levantara, aspirara profundamente, cerrara los ojos y me fuese directamente unos casi treinta años atrás, justamente al lado de la portería sur del campo de fútbol de mi pueblo:
Éramos cinco o seis recostados en la pared de la caseta medio derruida de lo que pretendió ser unos vestuarios para los que jugaban al fútbol, mirando como en la otra portería había otros niños jugando a la pelota y pasándoselo bien mientras nosotros nos aburríamos como ostras, pensando qué podríamos hacer que no fuera jugar al fútbol, que hace calor y cansa mucho, cuando me vino a la pituitaria el mismo olor que hoy:
-Joder, vaya olor a mierda que hace –dije.
-Sí, ahí dentro hay una mierda de caballo –contesta uno.
Me levanto y veo una obra de cuerpo impresionante, ¿era posible que un niño hiciera aquello?, porque por allí sólo íbamos niños, eso sólo se podía haber hecho después de pasarse cuatro o cinco días sin haber soltado ni una burbuja de aire, nada, todo guardadito para sacarlo de una sola vez. Y allí la teníamos, como un presente que alguien generoso había depositado para sacarnos de nuestro estado de abatimiento.
-Eh, mirad qué maravilla.
Entraron todos.
-Joder, pesará un kilo.
-Esa es de ayer, ya está seca por encima.
-No, tendrá dos días.
-No, es de ayer, ahora verás como la capa de encima es pequeña –coge un palo y se lo inca levándolo a los ojos de los demás –ves que tierna está por dentro.
-Es verdad –asentimos.
-¿Queréis que la plastifiquemos? –digo.
-¿…?
- Sí hombre, prendemos un saco de plástico y le echamos las gotas que se producen cuando se derrite sobre la mierda y cuando se enfríe se queda plastificada y la podemos guardar mucho tiempo.
-Bien, pero será mejor sacarla fuera antes.
Dicho y hecho, mientras unos buscan unos sacos de plástico los otros le metemos con cuidado una maderita por debajo y la sacamos entera al campo de fútbol, al lado de la portería sur. Cuando llegan los de los sacos, nos repartimos uno cada uno y les prendemos fuego; entonces nos ponemos todos alrededor del trofeo y empezamos a dejarle caer encima las gotas ardientes de plástico derretido. Entre que la habíamos removido un poco y el calor de las gotas de plástico que la estaban asando, se elevaba un olor, como diría yo, NAUSEABUNDO, pero nada, allí estábamos aguantando hasta que se consumieron los plásticos. La verdad es que quedó muy bonita, estoy seguro que si eso lo hace una artista de renombre, le pagan una pasta y lo consideran una obra de arte: “Mierda de Tal plastificada a los cuatro puntos cardinales”, no te jode.
-Y ahora qué.
Bueno, por esta zona, yo no sé por qué, siempre hay quien lleva un petardo en el bolsillo.
-Y si…
-Pues claro, ya tardas.
El tío le clava el petardo y le prende fuego. Pero los niños son así, sino, no serían niños. ¿Y qué hacen los niños? Pues comprobar que todo sale bien. Lo normal en adultos hubiese sido que, uno, el más atrevido, o el más rápido le hubiese prendido fuego al petardo, mientras los otros a una distancia prudencial hubieran estado atentos a las operaciones del valiente pirotécnico para terminar en una risa y aplauso general. Pero la lógica de los niños es distinta, el niño actúa como el buen reportero, tiene que estar allí dónde se produce la noticia, no vale que te la cuenten; o sea, que si uno se agacha a prender fuego a la mecha del petardo, los demás se agachan a su alrededor para comprobar que efectivamente lo está haciendo bien, porque puede pasar que no lo haga bien, y siempre hay uno que tiene que decir que levante la mecha, otro que la sujete con el dedo, otro que clave un poco más el cohete, otro comprobar que huele bien… Pero eso no es todo, porque una vez ha prendido la mecha, hay que comprobar que no se va a apagar, y entonces, como una corriente telepática, les llega la orden a todos los pequeños cerebros que el proceso de ignición está iniciado correctamente y que la cuenta atrás está a punto de concluir, lo que significa que el momento de la detonación está muy cerca. Entonces las piernas de todos se disparan como unos muelles hacia arriba para salir como alma que lleva el diabooooooommmmmmm.
…
Demasiado tarde, o demasiado pronto. Demasiado tarde hemos salido de allí y demasiado pronto ha explotado el petardo. Afortunadamente, como éramos muchos, salimos a menos cada uno. El que más suerte tuvo fue el que se levantó primero, el traidor, y le llegó todo por la espalda, pero a los demás, desde la cara hasta los pies, ¡llenos de mierda recalentada! Primera reacción: intentar quitárnosla de encima; craso error, porque lo único que conseguíamos era extenderla más por la cara, los brazos, las piernas, la ropa… Del otro lado del campo de fútbol oímos a los otros niños quejarse del olor a mierda que hacía. El olor llegó incluso al pueblo que se encuentra a unos doscientos metros. Pero allí llegó poco. Poco porque el mucho lo teníamos nosotros encima. Qué remedio, nos fuimos corriendo y maldiciendo a un pequeño arroyo que pasa cerca y nos limpiamos como pudimos. No recuero qué me diría mi madre cuando llegué a casa, tampoco importa. Lo que sí que me gustaría saber es quien fue el valiente que hizo aquella Obra Monumental, me hubiese gustado darle la enhorabuena.
28/7/07
UNA BUENA SEPARACIÓN
Un matrimonio que conocía se separó, cosa nada extraña en estos tiempos. Ella tenía mucho dinero pues sus padres tenían una gran empresa, en cambio él no tenía tanto dinero y al casarse pasó a trabajar en la empresa de la mujer. Tuvieron una hija que al separarse se fue a vivir con la mujer. Con el tiempo la empresa de la mujer se fue a pique y tuvo que cerrar. Fue por entonces cuando se separaron.
El hombre al separarse montó una nueva empresa en el mismo sector en el que trabajaba y le va muy bien. El tío se ha liado con una lituana que tiene veinte años menos que él y una niña pequeña. La exmujer se ha liado con otro hombre también extranjero y lo más curioso, su hija, la que tuvo con su marido antes de separarse, se ha liado con el hijo del novio que su madre tiene ahora. Y lo mejor de todo es que los dos ex están de puta madre. Al cumpleaños de la niña de la lituana acudieron todos como si fueran una única familia, sin rencores ni odios.
Después de escuchar que tanta gente que se separa están “mátame que te mataré”, que después de tantos años de convivencia se odian a muerte, y que utilizan a los inocentes hijos para hacerse todo el daño que pueden, el oír una historia así, te hace pensar que no todo está tan mal.
El hombre al separarse montó una nueva empresa en el mismo sector en el que trabajaba y le va muy bien. El tío se ha liado con una lituana que tiene veinte años menos que él y una niña pequeña. La exmujer se ha liado con otro hombre también extranjero y lo más curioso, su hija, la que tuvo con su marido antes de separarse, se ha liado con el hijo del novio que su madre tiene ahora. Y lo mejor de todo es que los dos ex están de puta madre. Al cumpleaños de la niña de la lituana acudieron todos como si fueran una única familia, sin rencores ni odios.
Después de escuchar que tanta gente que se separa están “mátame que te mataré”, que después de tantos años de convivencia se odian a muerte, y que utilizan a los inocentes hijos para hacerse todo el daño que pueden, el oír una historia así, te hace pensar que no todo está tan mal.
23/7/07
NOCHES DE PERROS

Este fin de semana lo he pasado en una casa rural de un pueblecito de la montaña de Castellón cerca del Monte Peñagolosa. El lugar es encantador, un pueblo situado en la cima de una montaña que ha ido creciendo hacia abajo, con empinadas cuestas y escaleras que suben y bajan para hacer al andante más corto el camino. Gracias a las subvenciones, las viviendas, sobre todo las fachadas, se están rehabilitando quitando los estucos, que una modernidad mal entendida, cubrió la piedra viva que forma las paredes. Además la casa rural en la que nos alojamos era una maravilla; en su tiempo fue una vieja almazara y ahora, tras una rehabilitación con gusto y personalidad, es una vivienda cómoda y muy agradable. Y su dueña, Pepa, tiene unas manos para la cocina que ni el Arguiñano y nos ha cuidado como si fuéramos sus hijos.
Pero llegó la noche. Después de una cena impresionante, salimos a dar una vuelta para que bajara la cocina y hablar con la gente mayor del pueblo, lo que más me gusta, y después a dormir, o ese era el plan previsto. Nos acostamos y a dormir, pero al cabo de un rato empezó un perrito a ladrar. Hostias con el perrito, no se callará. Che, dicho y hecho, el perrito se calla, pero entonces empieza otro, el Gran Capitán lo bauticé. Debería ser un perro grande como un caballo porque se oía como si lo tuviera al lado, pero se notaba que estaba bastante lejos. Ah amigo, eso fue la orden para que empezarán todos los demás perros el concierto más impresionante que jamás haya oído en mi vida. Coño si había perros allí, era algo inenarrable. Entonces me di cuenta de algunas preguntas que no me había parado nunca a responder ¿Usted sabe a dónde van a parar todos los perros que se abandonan por las carreteras? Y esos perros que dicen las protectoras de animales que se sacrifican por no poderlos atender ¿sabe lo que pasa con ellos? NO, pues yo sí lo sé. Van todos a parar a este pueblo. Allí hay miles, millones de perros que se esconden por el día, pues no vi ninguno, pero salen por la noche de sus guaridas y cuevas y se ponen todos juntos a ladrar, y ala, allá van. Y no se cansan los cabrones. Y a media noche cuando ya estás hasta los huevos, empiezan a aullar como si lloraran la pérdida de algún peregrino que se acaba de suicidar harto de no poder pegar ojo en toda la puta noche. Y como por arte de magia, cuando sale el sol, el Gran Capitán da la orden y se callan todos los hijoputas y desaparecen de la faz de la tierra.
Bueno, espero que el día sea mejor, como lo fue, hasta la noche siguiente. Otra buena cena, paseíto, charleta con las abuelas y a dormir. Cuando no hago más que pegar los ojos, se lo juro por mis muertos más tiernos, creí que me iba a dar un síncope cuando oí al dúo Pimpinela cantando a toda hostia rompiendo el breve silencio de la noche ¡Vete! Olvida que existo… Cagondiós, qué coño es esto. ¡Una verbena!, y lo más extraño es que recorrimos todo el pueblo y no vimos ningún escenario ni nadie nos dijo que hubiera una verbena, pues la fiestas no empiezan hasta el día 3 ¡Y pega la vuelta! Jamás te pude comprender… Y luego el Opá, y ¿Mami que será lo que tiene el negro?... ¿no lo sabe? El negro tiene un perro como un avión, porque al acabar la verbena el Gran Capitán dio la orden y todos los perros del mundo empezaron de nuevo a darme por el culo otra puta noche.
Y lo peor de todo no es esto, no, lo peor es que la parienta al levantarse me dijo que ya hacía mucho tiempo que no dormía tan a gusto como estas dos noches. Se lo juro, snif, bua. ¿Qué se puede hacer en casos como éste? ¿Es esto un motivo de divorcio?
19/7/07
OPINIONES
En un sistema democrático está extendida la idea de que todas las opiniones son respetables. La libertad de expresión que ampara toda constitución democrática no otorga a quién la ejerce el derecho a opinar y a decir lo que le venga en gana. Evidentemente no se puede insultar, ni denigrar, ni injuriar a una persona. Pero y opinar ¿Se puede opinar de cualquier cosa libremente sin más? ¿Tenemos que respetar por cojones todas las opiniones, nos gusten o no?
Yo opino que no, por muy respetable que sea el derecho a opinar no puedo respetar cierto tipo de opiniones. Por ejemplo no respeto que se me diga que todo fin justifica los medios, por tanto que el terrorismo es un medio legítimo para alcanzar algo, quien opina así es un ser despreciable que no me merece el mínimo respeto. Tampoco puedo respetar a quien opina que las mujeres están para servir a los hombres y que por tanto se puede hacer con ellas lo que se quiera. Pues no, lo siento, este tipo de opiniones, que abundan, y mucho, no son en absoluto respetables.
Yo opino que no, por muy respetable que sea el derecho a opinar no puedo respetar cierto tipo de opiniones. Por ejemplo no respeto que se me diga que todo fin justifica los medios, por tanto que el terrorismo es un medio legítimo para alcanzar algo, quien opina así es un ser despreciable que no me merece el mínimo respeto. Tampoco puedo respetar a quien opina que las mujeres están para servir a los hombres y que por tanto se puede hacer con ellas lo que se quiera. Pues no, lo siento, este tipo de opiniones, que abundan, y mucho, no son en absoluto respetables.
17/7/07
EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

TÍTULO ORIGINAL: THE BOY IN THE STRIPED PYJAMAS
AUTOR: JOHN BOYNE
EDITORIAL: SALAMANDRA
Nº DE PÁGINAS: 217
PRECIO: 12.50 €
GÉNERO: NOVELA
ARGUMENTO: En la contraportada del libro normalmente se hace un pequeño resumen del libro a modo de argumento, sin embargo en este libro esto no ocurre. El editor, con buen criterio, creo yo, explica las razones por las cuales no conviene desvelar el contenido del libro. Solamente dice, y cito textualmente: “si decides embarcarte en la aventura (de leer el libro), debes saber que acompañarás a Bruno, un niño de nueve años, cuando se muda con su familia a una casa junto a una cerca. Cercas como ésa existen en muchos sitios del mundo, sólo deseamos que no te encuentres nunca con una”
OPINIÓN PERSONAL: Tiene razón el editor cuando no desvela nada del libro en la contraportada. La historia va dando una serie de sorpresas que te dejan alucinado cuando se revelan. El libro es de una ternura y una crudeza escalofriantes. Continuamente pasas de la sonrisa inocente a una indignación sofocante.
A este libro le va a pasar como a “La Sombra del Viento”, va a funcionar con el boca-oreja y con el tiempo se va a convertir en todo un clásico, para el bien de todos. Muy recomendable sobre todo para adolescentes.
La lectura es muy fácil, el lenguaje sencillo y los diálogos amenos. Yo me lo he leído en un solo día porque te engancha desde la primera página. Todo un descubrimiento.
11/7/07
EL INFIERNO PUEDE ESPERAR
Al hilo de algunos comentarios que se han hecho en la entrada anterior, publico un cuento que escribí hace ya algunos años. Espero que les guste.
Cuando abrió los ojos y la vio allí sentada al pie de la cama no se asustó, ni siquiera se extrañó, la estaba esperando desde hacía algún tiempo, y ya pensaba que se había olvidado de él. Era tal y como se la había imaginado, o más bien, como la había visto en mil y un grabados, tanto antiguos como modernos. En ese momento pensó si su aspecto era ese porque sí, o si los hombres la habían pintado así por representarla de alguna manera y ella había adoptado esa apariencia porque los hombres así lo habían decidido. Llevaba un hábito negro, casi gris por el paso del tiempo, viejo y roído. La capucha era muy grande y desde donde él estaba no conseguía verle la cara. Tampoco podía verle las manos, pues las mangas eran muy largas y anchas y ocultaban todo el brazo, aunque no cabían dudas de que era ella, pues con la mano derecha sujetaba una guadaña cuyo filo resplandecía por el reflejo de la luz de la pequeña lámpara de la mesita.
Estaba tranquilo. No tenía miedo, sólo cuando ella lo miró y consiguió verle el rostro, le recorrió un escalofrío desde la cabeza hasta los pies que le erizó el pelo de allí por donde pasaba. Las cuencas de los ojos eran como un agujero negro que no tiene principio ni fin, y le absorbían con su mirada queriéndoselo tragar allí mismo. La sonrisa eterna parecía que le estuviese pidiendo disculpas por lo que iba a suceder y la falta de uno de sus dientes le daba un aspecto tan tragicómico que estuvo a punto de provocarle una carcajada, pero se contuvo, en estos momentos tan serios no podía perder la compostura...
No sabía bien por qué, en ese instante cambió de parecer. Se le esfumaron las ganas de irse y decidió esperar un poco más, bastante más, aquel ser le había causado una mala impresión, mirándolo bien, incluso repugnancia, no le resultaba grata la compañía y no sería buen acompañante en tan largo viaje. Por tanto era mejor quedarse: cuanto más tiempo mejor.
- ¿Estás preparado? –le dijo el extraño personaje.
- Lo estaba, pero me lo he pensado mejor –respondió.
- Ja, ja, ja. Tienes miedo, todos lo tienen, es normal, no te preocupes.
- ¿Miedo? No, simplemente no tengo prisa.
- Pero yo sí y no puedo perder el tiempo, tengo mucho trabajo.
La voz del extraño sonaba hueca y retumbaba en sus oídos como si se encontrara en el interior de una gruta, y lo más curioso era que la voz procedía de todos los puntos de la habitación y de ninguno en concreto. Lo cierto era que no movía la boca para hablar.
- ¿De dónde vienes?- Tenía clara la estrategia. Debía prolongar al máximo la estancia de aquel ser en su habitación hasta conseguir que se desesperara. El tiempo en esos momentos corría a su favor y por lo tanto debía aprovecharlo.
- Qué más da. De muchos lugares a la vez.
- ¿Puedes estar en más de un lugar al mismo tiempo? ¿Tienes el don de la ubicuidad?
- La lista ya está hecha, yo sólo tengo que seguirla. A veces hay más de uno en el mismo renglón y me tengo que multiplicar –contestó con desgana.
- Pero si en vez de dos por ejemplo hay mil...
- Pues entonces me multiplico por mil. ¡Vámonos!
Lo estaba consiguiendo, sabía que se estaba desesperando. Había elegido el buen camino y debía perseverar y seguirlo.
- No te pongas así, gracias a mí, mucha gente va a tener un ratito más. Incluso por ese pequeño instante más de alguien importante, podría cambiar la historia.
- La historia ya está escrita, ni siquiera una hora o un día más conseguirían cambiarla. Los acontecimientos se suceden según un orden lógico establecido de antemano. El que quiera salirse de él está condenado a morir en vida.
La voz sonó serena, suave, casi resignada. De repente se levantó. El colchón de la cama no recuperó su forma anterior, sencillamente porque aquel ser, al sentarse, no lo había deformado. Su altura era prominente, mediría más de dos metros, y la capucha rozaba el techo de la habitación. La guadaña la llevaba inclinada como si estuviese presentado armas al mismísimo diablo.
- ¿Ese orden lógico lo establece Dios?
- Dios no existe.
- Cómo que no existe, entonces tú para quien trabajas ¿Para el diablo acaso? –Al decir esto se estremeció y vio como le clavaba las cuencas vacías en sus ojos. Por el diente mellado expulsó un aire viciado que olía a putrefacción al mismo tiempo que el hábito que lo cubría se encogía.
- ¡Tenemos que irnos, tengo mucha prisa!
- ¡Yo no voy, me quedo! –Se quedó impresionado por el arrojo y el aplomo que había tenido al pronunciar esa frase. “Alea jacta est” pensó.
- Ja, ja, ja... Te he dicho que alterar la lista te puede acarrear consecuencias muy graves.
- Es igual me arriesgaré –contestó.
- Muy bien, tú mismo. Ahora tengo que irme. Cuando quieras algo: llámame.
- Puedes irte tranquila, espero tardar mucho en volverte a ver. –El corazón le latía con fuerza y se le cortaba la respiración. Lo estaba consiguiendo. Sí, se iba a ir sin él.
- Hasta pronto.
- Hasta muy tarde, ja, ja, ja... Por cierto, ¿dónde vas ahora?
- No creo que quieras saberlo.
- Por favor, es simple curiosidad. –Insistió.
- Voy a recoger a dos jóvenes que han tenido un accidente de tráfico. Iban a excesiva velocidad y se han salido en una curva.
- Pobrecitos. No se debe correr con el coche, es muy peligroso. –Dijo con cierta jovialidad. Estaba eufórico.
- Iban tan deprisa porque les habían llamado por teléfono diciéndoles que su padre estaba a punto de morir, aunque al final su padre se ha salvado.
- Qué lástima. Total por una falsa alarma. –Dijo con cierto cinismo.
- Eran tus dos hijos que venían a verte... –Y desapareció.
Cuando abrió los ojos y la vio allí sentada al pie de la cama no se asustó, ni siquiera se extrañó, la estaba esperando desde hacía algún tiempo, y ya pensaba que se había olvidado de él. Era tal y como se la había imaginado, o más bien, como la había visto en mil y un grabados, tanto antiguos como modernos. En ese momento pensó si su aspecto era ese porque sí, o si los hombres la habían pintado así por representarla de alguna manera y ella había adoptado esa apariencia porque los hombres así lo habían decidido. Llevaba un hábito negro, casi gris por el paso del tiempo, viejo y roído. La capucha era muy grande y desde donde él estaba no conseguía verle la cara. Tampoco podía verle las manos, pues las mangas eran muy largas y anchas y ocultaban todo el brazo, aunque no cabían dudas de que era ella, pues con la mano derecha sujetaba una guadaña cuyo filo resplandecía por el reflejo de la luz de la pequeña lámpara de la mesita.
Estaba tranquilo. No tenía miedo, sólo cuando ella lo miró y consiguió verle el rostro, le recorrió un escalofrío desde la cabeza hasta los pies que le erizó el pelo de allí por donde pasaba. Las cuencas de los ojos eran como un agujero negro que no tiene principio ni fin, y le absorbían con su mirada queriéndoselo tragar allí mismo. La sonrisa eterna parecía que le estuviese pidiendo disculpas por lo que iba a suceder y la falta de uno de sus dientes le daba un aspecto tan tragicómico que estuvo a punto de provocarle una carcajada, pero se contuvo, en estos momentos tan serios no podía perder la compostura...
No sabía bien por qué, en ese instante cambió de parecer. Se le esfumaron las ganas de irse y decidió esperar un poco más, bastante más, aquel ser le había causado una mala impresión, mirándolo bien, incluso repugnancia, no le resultaba grata la compañía y no sería buen acompañante en tan largo viaje. Por tanto era mejor quedarse: cuanto más tiempo mejor.
- ¿Estás preparado? –le dijo el extraño personaje.
- Lo estaba, pero me lo he pensado mejor –respondió.
- Ja, ja, ja. Tienes miedo, todos lo tienen, es normal, no te preocupes.
- ¿Miedo? No, simplemente no tengo prisa.
- Pero yo sí y no puedo perder el tiempo, tengo mucho trabajo.
La voz del extraño sonaba hueca y retumbaba en sus oídos como si se encontrara en el interior de una gruta, y lo más curioso era que la voz procedía de todos los puntos de la habitación y de ninguno en concreto. Lo cierto era que no movía la boca para hablar.
- ¿De dónde vienes?- Tenía clara la estrategia. Debía prolongar al máximo la estancia de aquel ser en su habitación hasta conseguir que se desesperara. El tiempo en esos momentos corría a su favor y por lo tanto debía aprovecharlo.
- Qué más da. De muchos lugares a la vez.
- ¿Puedes estar en más de un lugar al mismo tiempo? ¿Tienes el don de la ubicuidad?
- La lista ya está hecha, yo sólo tengo que seguirla. A veces hay más de uno en el mismo renglón y me tengo que multiplicar –contestó con desgana.
- Pero si en vez de dos por ejemplo hay mil...
- Pues entonces me multiplico por mil. ¡Vámonos!
Lo estaba consiguiendo, sabía que se estaba desesperando. Había elegido el buen camino y debía perseverar y seguirlo.
- No te pongas así, gracias a mí, mucha gente va a tener un ratito más. Incluso por ese pequeño instante más de alguien importante, podría cambiar la historia.
- La historia ya está escrita, ni siquiera una hora o un día más conseguirían cambiarla. Los acontecimientos se suceden según un orden lógico establecido de antemano. El que quiera salirse de él está condenado a morir en vida.
La voz sonó serena, suave, casi resignada. De repente se levantó. El colchón de la cama no recuperó su forma anterior, sencillamente porque aquel ser, al sentarse, no lo había deformado. Su altura era prominente, mediría más de dos metros, y la capucha rozaba el techo de la habitación. La guadaña la llevaba inclinada como si estuviese presentado armas al mismísimo diablo.
- ¿Ese orden lógico lo establece Dios?
- Dios no existe.
- Cómo que no existe, entonces tú para quien trabajas ¿Para el diablo acaso? –Al decir esto se estremeció y vio como le clavaba las cuencas vacías en sus ojos. Por el diente mellado expulsó un aire viciado que olía a putrefacción al mismo tiempo que el hábito que lo cubría se encogía.
- ¡Tenemos que irnos, tengo mucha prisa!
- ¡Yo no voy, me quedo! –Se quedó impresionado por el arrojo y el aplomo que había tenido al pronunciar esa frase. “Alea jacta est” pensó.
- Ja, ja, ja... Te he dicho que alterar la lista te puede acarrear consecuencias muy graves.
- Es igual me arriesgaré –contestó.
- Muy bien, tú mismo. Ahora tengo que irme. Cuando quieras algo: llámame.
- Puedes irte tranquila, espero tardar mucho en volverte a ver. –El corazón le latía con fuerza y se le cortaba la respiración. Lo estaba consiguiendo. Sí, se iba a ir sin él.
- Hasta pronto.
- Hasta muy tarde, ja, ja, ja... Por cierto, ¿dónde vas ahora?
- No creo que quieras saberlo.
- Por favor, es simple curiosidad. –Insistió.
- Voy a recoger a dos jóvenes que han tenido un accidente de tráfico. Iban a excesiva velocidad y se han salido en una curva.
- Pobrecitos. No se debe correr con el coche, es muy peligroso. –Dijo con cierta jovialidad. Estaba eufórico.
- Iban tan deprisa porque les habían llamado por teléfono diciéndoles que su padre estaba a punto de morir, aunque al final su padre se ha salvado.
- Qué lástima. Total por una falsa alarma. –Dijo con cierto cinismo.
- Eran tus dos hijos que venían a verte... –Y desapareció.
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