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24/7/12

Burros voladores


Vivimos en un país de mentirosos. Todos, a lo largo de nuestra vida, hemos dicho más de una mentira, por eso, si no nos confesamos, iremos al infierno. Ahora que los ciudadanos de la Católica España cada vez vamos menos a misa y nos confesamos menos, vamos a necesitar un amplio territorio en el averno para que quepamos todos.
Desde el último reinado de Felipe González la mentira se ha institucionalizado En España, y tanto José María Aznar como José Luis Rodríguez Zapatero la han utilizado para hacernos creer que los burros volaban. Y ahora ha venido el señor Mariano Rajoy para corroborarlo y además añadir que lo hacen con alas de fibra de carbono 14. Y nosotros nos lo hemos creído, hemos estado todos estos años mirando hacia el cielo viendo los burros volar, y había tantos que vivíamos en una sombra permanente, por eso a la mayoría les cuesta tanto hacerse morenos. Pero los burros se están cansando de tanto volar y ya empiezan a caer al suelo. Y al hacerlo nos golpean en la cabeza, y al levantar la vista al cielo vemos que, allí donde antes había un burro volando, ahora se ve un pedacito de azul; y empezamos a darnos cuenta de que no son burros lo que vemos volar, sino los engaños a los que nos han estado sometiendo para hacernos creer lo que no era.
Españoles: ha llegado nuestra hora. Ahora y en esta hora es llegado el momento de desenterrar la Tizona, de empezar a cortar las cabezas de todos esos mentirosos que nos quieren convertir en burros voladores, de todos, sin excepción, y, sobre sus despojos, hacer resurgir un nuevo país. Pinocho no puede ser nuestro dios.
Amén

16/4/07

EL COCINERO

El jefe de cocina de un lujoso restaurante puso en fila a todos los animales que tenía en la cocina: un cerdo, un conejo, una gallina, un faisán, un cordero, una perdiz y una langosta, y les dijo:
-A ver, díganme con qué tipo de salsa quieren ser cocinados.
Los animales se quedaron perplejos, mirándose unos a otros sin saber qué decir. De pronto la gallina dijo:
-Yo no quiero ser cocinada.
El cocinero le respondió:
-Vamos a ver, parece ser que no han entendido. Esto está fuera de toda discusión, es inapelable. Ustedes únicamente tienen el derecho a elegir con qué salsa quieren que se les cocine, nada más.

Y usted, ¿cómo quiere ser cocinado?

EL BARCO

En un gran barco iban todos los seres humanos de la tierra. En las bodegas inferiores viajaban los más pobres con sus escasas pertenencias; los había que no tenían nada de nada, ni tan siquiera zapatos o algo que comer y muchos amanecían muertos de hambre, por lo que no quedaba más remedio que tirarlos al mar por la borda. Otros apenas tenían una manta y un chusco de pan duro para pasar el día. Conforme se iba ascendiendo en el barco la gente cada vez vivía mejor, tenían cada vez más cosas; unos dormían en camas, otros ya tenían aire acondicionado en los camarotes, los había que tenían jacuzzi… y finalmente los de la cubierta superior lo tenían absolutamente todo.

En esto, el barco en una noche de niebla chocó con un iceberg que le abrió una vía de agua en la parte más baja del casco y el barco empezó a inundarse. La vía de agua no era muy importante, pero como el barco iba sobrecargado, el capitán ordenó que tiraran todas las cosas inservibles por la borda para que el barco pesara menos y así tuvieran más tiempo para arreglar la avería. Los de las bodegas inferiores empezaron a tirar sus escasas y miserables pertenencias, pero los de arriba no hicieron caso y el barco empezó a hundirse. A medida que el barco iba hundiéndose los de abajo empezaron a subir niveles en el barco. El capitán se desgallinaba gritando que tiraran todo lo superfluo al mar, pero no había manera, los de arriba no querían tirar nada. Y el barco se hundía. Y los de abajo iban subiendo cada vez más. Los de arriba como tenían mucho dinero pagaron a los de unas cubiertas más abajo que impidieran a los de abajo que subieran más arriba. Pero los de abajo eran más y estaban desesperados. Muchos de ellos ya se estaban ahogando y claro, seguían su incansable camino hacia arriba. “¡Tiren todo lo que tienen o nos vamos a pique!” gritaba el capitán, pero los de arriba escondían su oro y sus joyas y su dinero y… y los de abajo subiendo, y el barco hundiéndose y los de arriba pegando patadas a los de abajo para que no subieran, y los de abajo cogiendo a los de arriba y tirándolos al mar y los de abajo y los de arriba se fueron todos a tomar por culo.

LOS DIRIGENTES

Después de muchos años murieron los dirigentes de los E.E.U.U., de Rusia y de Somalia y fueron al cielo. Una vez allí Dios los llamó para comunicarles todas las cosas que habían hecho mal. Primero llamó a los dirigentes de los Estados Unidos y tras una hora salieron llorando y dando gritos. Después llamó a los dirigentes rusos y tras dos horas de entrevista salieron llorando y gritando. Por último entraron en el despacho de Dios los dirigentes somalíes, y pasó mucho tiempo… muchas horas, y al final salió Dios llorando y golpeándose el pecho dando fuertes alaridos.

EL TREN RUSO

El escritor ruso Yuri Bórev comparó la historia de la URSS con un tren en marcha: “El tren se dirige hacia un futuro luminoso. Lo conduce Lenin. De pronto hay que parar, se han acabado las vías. Lenin arenga a los proletarios y les pide que trabajen también los sábados; se colocan las vías y el tren puede continuar viaje. Después se pone a conducirlo Stalin. Y también se acaban las vías. Stalin manda fusilar a la mitad de los revisores y de los pasajeros, y obliga a los demás, mujeres y ancianos incluidos, a colocar vías nuevas. El tren se pone en marcha. Jruschov sustituye a Stalin en la conducción , y cuando se acaban las vías ordena desmontar las que el tren ha dejado atrás y colocarlas delante de la locomotora. Jruschov es sustituido por Brézhnev. Cuando vuelven a acabarse las vías, Brézhnev dispone que se corran las cortinas de las ventanillas y que se balanceen los vagones de tal manera que los pasajeros crean que el tren continúa en marcha” (Y.Bórev, Staliniada.). Andrópov y Chernenko apenas pueden conducir el tren unos pocos kilómetros sin ninguna novedad. Hasta que toma la locomotora Mijail Gorbachov y consigue ponerla a más de 500 km/h de tal forma que el tren cruza toda Europa derrumbando todos los muros que separaban las vías soviéticas de las europeas. En los laterales del tren llevaba pintadas dos palabras: GLÁSNOST Y PERESTROIKA. El tren se pasa de frenada y casi descarrila, entonces se pone como conductor de la locomotora Boris Yelstin, que lleno de vodka hasta los ojos, lleva el tren hasta el borde del abismo donde de nuevo se acaba la vía. En este momento se pone en la locomotora Vladimir Putin, que toca el pito del tren y medio mundo corre a construirle un puente, una estación y todas las vías que sean necesarias hacia el sur y el oeste para llevar el gas y el petróleo rusos.