25/12/08

INMORTAL

Querido Corpi:
Sabes muy bien que aquí donde vivo no se celebra la Navidad, no se encienden luces de colores, no se come cordero ni gambas, ni siquiera se chupan las cabezas, con lo ricas en fósforo que son; tampoco se hacen regalos ni se cantan villancicos. Aquí, la Noche Buena es como las demás noches: una más. Pero este año pasó algo extraordinario. Verás:
Hacia las ocho de la noche, aparecieron cuatro individuos portando una caja al hombro; como no esperábamos a nadie, y aunque la noche era fría, estábamos unos cuantos paseando entre los cipreses, de tal suerte que casi nos ven, nos tuvimos que esconder corriendo cuando oímos gemir los goznes de las puertas de hierro. Estos individuos iban vestidos de negro, con una corbata blanca y zapatos también blancos. Llegaron, metieron la caja en su nicho, lo taparon con yeso y se fueron corriendo. Un lujoso coche con chófer los estaba esperando a la puerta.
Cuando partieron, nos acercamos a saludar y dar la bienvenida al nuevo vecino, pero cuando iba a llamar a la puerta, escuché unos gritos dentro de la casa:
-¡Esto es un error! ¡Yo no debería estar aquí!
Nos quedamos todos con la sangre aún más helada.
-¡Malditos estúpidos, pero ¿no lo comprenden?, yo no puedo estar aquí! ¡Me necesitan, el mundo me necesita!
Al sonido de los gritos, se había ido congregado más gente alrededor del nuevo vecino.
-¡Yo soy inmortal, llevo dos mil años sobre la tierra y no se me puede apartar de este modo, todavía tengo mucho que decir!
La gente cuchicheaba entre ella preguntándose quién cojones sería este individuo.
Por fin me decidí a llamar, y se asomó por la puerta una cabeza con rasgos muy hermosos, de sexo indefinido, diría yo, con una larga cabellera rubia que reflejaba los débiles rayos de las estrellas y con unas perladas lágrimas que le resbalaban por la cara. Su semblante se llenó de sorpresa cuando vio a tanta gente expectante a su alrededor.
-Buenas noches –le dije-. Se bienvenido a tu nuevo hogar.
Nos miró con cara de estupefacción y se entristeció más.
-¡Asesinos, son unos asesinos! Miles de millones de personas me han asesinado, lo llevan haciendo desde hace años, poco a poco, siguiendo a ese gran criminal. Pero yo aún no he dicho la última palabra. ¡Yo soy inmortal y regresaré! –dijo levantando los brazos.
-¿Quién te ha asesinado?
-¿Quién? El Espíritu del Consumo.
-¿Y tú quién eres? –le inquirí.
-Yo soy el Espíritu de la Navidad.

8 comentarios:

Tha dijo...

Anoche comí cardo con almendras y huevos rellenos, también unas setas, de postre macedonia de frutas. Hoy nos comimos las sobras. Mis niños tendrán libros por Reyes. Dile al señor este que no está todo perdido :)
Felices Fiestas!!!!
Un beso!

Pepe dijo...

En el fondo siento cierta envidia de quien vive estas fechas como algo especial; siempre está bien tener ilusión por algo.
Ojalá que, como dice Tha, no esté todo perdido.
Un abrazo.

Pepe del Montgó dijo...

Mea culpa. Yo también he asesinado, aunque poquito, el Espíritu de Navidad. El entorno me puede y la familia para que decir. Antes de comer pensé "va a sobrar comida" y SOBRÓ. No hay manera. Saludos

Nür dijo...

Uy, ja pensava jo que s'habien carregat al Pare Noel... jajaj, és conya! :D

Tú pensa que enguany, amb la moguda aquesta de la "crisi", l'espiritu de la Navidad, té més faena que l'altre.

Petons,
Nür

Nür dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Corretger dijo...

Pues a mi me parece que este año muchos vuelven al espíritu navideño porque tienen los bolsillos vacios.

lectora anónima dijo...

Pues a mi me encanta la Navidad y mi espiritu navideño sigue vivito. Nada como la sonrisa de un niño delante de un árbol navideño.
Saludos.

Patri dijo...

Debo reconocer que tu relato me ha encantado. Soy una persona a la que siempre le ha gustado la Navidad, pero en alguna ocasión he comentado que parece que quisieran asesinar al espiritú navideño.

Me ha gustado muchísimo, de verdad.

Felices fiestas cariñó

Besotesssssssssssss